Movimiento 4 de junio

El movimiento 4 de junio fue creado para mantener viva la memoria y vigentes los ideales de aquellos revolucionarios que en 1943 empezaron a escribir la historia mas fecunda de la República Argentina, desalojando del poder a quienes llevaron a la Nación a la pobreza y a la entrega.
¡QUE VIVA POR SIEMPRE LA REVOLUCIÓN DEL 4 DE JUNIO DE 1943!

miércoles, 4 de diciembre de 2024

Hace 80 años Perón le hablaba a los compañeros empleados de comercio: "El Estado no puede ser testigo silencioso e inoperante en la angustia que primero al hombre, luego a su hogar y, finalmente, destruya la comunidad."

 



DISCURSO DANDO A CONOCER EL DECRETO DE JUBILACIÓN DE LOS EMPLEADOS DE COMERCIO Juan Domingo Perón [4 de Diciembre de 1944]



Señores: He aquí un hecho más de los que algunos políticos argentinos han dado en llamar “nuestra demagogia”.

La previsión social en decretos como el que nos ocupa, estructura y elabora el futuro del país, en la más noble y desinteresada concepción de la solidaridad humana y nacional. Por eso se inspira en la necesidad orgánica de protección estatal a la vejez o la invalidez; se afirma en el sentimiento de justa recompensa al esfuerzo y trabajo individual y se nutre en el espíritu de cooperación y hermandad nacional que propugnamos. Por eso esto también es justicia, previsión y es cristiano amor al prójimo.

El Estado no puede ser testigo silencioso e inoperante en la angustia que primero al hombre, luego a su hogar y, finalmente, destruya la comunidad. Debe intervenir rápida, eficaz y enérgicamente, si quiere ser decisivo. Debe compenetrarse del dolor humano y buscar remedios apropiados para los males de la sociedad, cuyo destino rige. Ha de realizar una política de seguridad social y encauzarla por vías que vayan directamente a las necesidades propias de la actividad que la previsión ampara.

Negarlo obligaría a aceptar el recrudecimiento de estériles luchas sociales que agotan esfuerzos valiosos y envenenan los espíritus más serenos, perturbando con sus consecuencias, la paz social. La incomprensión recíproca al retardar soluciones, atrasa el progreso moral y material de la Nación, Por eso buscamos la unidad de los argentinos por medio de la mutua comprensión de justas necesidades y legítimos intereses.

Promulgamos un nuevo instrumento de amparo que completa la legislación jubilatoria y de retiro. Es un paso hacia la solución integral de los problemas de la seguridad social que el país y la época reclaman, Para alcanzar adecuadamente dichas soluciones se acaba de estructurar el Instituto Nacional de Previsión Social.

Los derechos fundamentales de la persona: vida, cultura espiritual y profesional, vivienda y salud, alimentación, educación física y vestido, deben ser alcanzados por todos los argentinos.

El Estado no puede permitir que la falta de recursos impida el logro pleno del destino humano. Por eso insistiremos en la necesidad de ponernos de acuerdo sobre lo esencial. Sobre lo que es inherente a nuestro destino histórico para proclamar que ha llegado la hora de establecer los puntos básicos que sean prenda de unión de todos los argentinos.

Es probable que quienes no tengan suficientemente encarnados estos sentimientos, puedan disentir con las disposiciones presentadas pero, en las soluciones de conjunto, juegan más las necesidades de la comunidad que el egoísmo efímero de unos o la imprevisión circunstancial de los otros.

Algunos pensarán que la jubilación de los empleados de comercio puede incidir desfavorablemente en lo que se ha dado en llamar “nuestra inflación”, que yo califico como el cumplimiento de un deber de gobierno de poner al día sueldos y salarios que estaban en permanente retardo de acuerdo con las necesidades vitales de una gran masa de trabajadores del país.

El sueldo mínimo y el salario vital, deben ser determinados por lo que los ingleses llaman “línea de la vida”. Esta consiste en el equilibrio del sueldo o jornal con las necesidades mínimas de la subsistencia en condiciones dignas.

Los que se encuentran debajo de esa línea son los “sumergidos”, que deben compensar la falta de salario vital, con privaciones y penurias que, en último análisis, inciden sobre la salud física o espiritual.

Los que se encuentran sobre esa línea de la vida, son los “emergidos”, a quienes la fortuna ha favorecido y que, en muchos casos, dilapidan el exceso de su haber para satisfacer otros excesos.

La tarea de gobierno en la política social, debe tender a que nadie, o por lo menos el menor número de hombres de trabajo, se encuentren en la condición de “sumergidos”.

El standard está representado casualmente por esa línea de la vida. Cuando se habla, en consecuencia, de “standard de vida”, no se trata en caso alguno, de hombres que están por debajo de un salario vital. Es elemental obligación del Estado moderno el propugnar por todos los medios la existencia de un standard de vida adecuado para todos los habitantes, el que estará en razón directa con la economía nacional, el trabajo individual y la organización adecuada del país que permita llegar a la más perfecta coordinación y equilibrio económico social.

Es incuestionablemente cierto que el mejoramiento de las masas trabajadoras, necesita de toda una potente economía que lo respalde. De ello se infiere la necesidad de un permanente coordinamiento integral de las fuerzas económicas y la conveniencia de establecer en estrecha coordinación los planes necesarios para evitar el debilitamiento económico o el desequilibrio social.

Es también necesario aceptar como innegable que cuando los precios suben en el mercado interno, ello obedece a dos causas determinantes: a la inflación natural (por aumento de los costos de producción, circulación o comercialización) o simplemente a la especulación.

Si el precio sube como consecuencia de la inflación natural, no queda otro remedio social que aumentar los sueldos y salarios para compensar, impidiendo que una gran masa quede en condición de “sumergidos”.

Si el precio sube como consecuencia de la especulación, es menester bajar el precio.

Cuando iniciamos la tarea de reivindicar socialmente a los trabajadores e instaurar una verdadera política social, destinada a dignificar el trabajo humanizar el capital y asegurar una más justa y equitativa retribución al trabajo, analizamos en primer término la situación económica.

Nos encontrarnos entonces con una inflación ya insinuada en casi todos los artículos de producción nacional y en muchos de los de primera necesidad. Influía, también, grandemente en ello, la exportación que durante el tiempo de guerra había aumentado considerablemente, influenciando los precios del mercado interno.

Era necesario: o aumentar los sueldos y salarios o disminuir drásticamente los precios a su nivel de preguerra, ya que no podía justificarse sino en una mínima parte un aumento por las consecuencias directas o indirectas del estado le guerra en Europa.

Es indudable que convenía meditar bien el asunto. Después de mucha reflexión y profundo análisis general, sólo general, porque se carecía de estadística exacta que permitiera cálculos de costo de producción, etcétera, nos decidimos, por un aumento general de sueldos y jornales, aceptando el riesgo de provocar cierta apariencia momentánea de inflación, por razones morales de la población y en compensación a la larga explotación sufrida por una gran parte de la masa laboriosa. Sin embargo, pensé que una vez aumentados los salarios y sueldos, podríamos bajar los precios a su nivel.

Para detener, esa inflación artificial de precios, ya en ese momento se fijaron por decreto los precios máximos a los artículos de primera necesidad de alimentación y vestuario. El corolario de esto debe ser una baja sistemática que hoy se ha iniciado.

La inflación de que se habla no es tal inflación porque los sueldos y los salarios eran extraordinariamente bajos en comparación con los beneficios patronales y sólo por excepción habíanse fijado de acuerdo a las condiciones mínimas de vida; porque la rebaja de precios ha de producirse ya que no tienen justificación; porque la inflación general ha sido momentánea y poco a poco volverá al estado natural.

Existe una absoluta relación entre la economía interna y la política y la realidad internacional. De ello surge la necesidad de poner en coincidencia las necesidades y posibilidades de ambos campos. Es menester aprovechar al máximo el poder de los intereses económicos paralelos y tratar de neutralizar las corrientes de los intereses contrapuestos o negativos.

Por eso el problema es primero de coordinación de lo interno con lo externo y luego de organización de la riqueza.

Es indudable que terminada la guerra, nuestra industria y nuestro comercio, sufrirán una aguda crisis, como consecuencia de no poder mantener la actual exportación. Tal vez la producción agropecuaria también sufra las consecuencias de lo mismo.

Hoy el país produce casi el doble de lo que consume. La producción, la industria y el comercio, viven una prosperidad artificial como consecuencia de una exportación anormal. Terminada la guerra, deberán volver a su cauce natural, y de ello se infiere que un mayor o menor grado de paralización, con su consecuencia la desocupación, se producirá no sólo en la industria sino también en menor escala, en la producción y el comercio.

El aumento general de sueldos y jornales comenzará entonces a actuar con el aumento del consumo interno, como regulador de este desequilibrio.

Los productores, industriales y comerciantes que durante la guerra han logrado excepcionales beneficios, deberán comenzar a pensar que deben conformarse con ganancias más normales y apropiadas. A ello se unirá que el aumento de consumo por las mejoras de sueldos y salarios, permitirá compensar en algo la falta de exportación.

Una mejor regulación, racionalización, y organización económica llevará al equilibrio sin peligrosos saltos en forma de mantener la tranquilidad y suavidad de las formas, actuando sobre la exportación y consumo en relación con la producción, industria y comercialización general.

Es menester que una acción planificada y altamente racional sea capaz de crear verdaderas medidas trascendentales, que sean capaces de actuar como “elásticos y amortiguadores” para evitar los fuertes “barquinazos” de la inflación y de la deflación. .

La industria puede resistir bien cualquier peligro cuando se trata de industrias naturalmente desarrolladas y cimentadas. Las protegidas por razones justas, resistirán también con el apoyo del Estado. Las ocasionales o ficticias podrán morir o desaparecer sin grave riesgo de perturbar la economía general. Será necesario prever todo ello, para amortiguar los efectos.

El aumento de consumo, permitirá en gran parte defenderse a muchas industrias, si los industriales se conforman con ganancias normales aun pueden resistir pequeñas pérdidas ocasionales hasta que el mercado se estabilice.

El comercio seguirá las fluctuaciones por reflejo. El externo está gravemente amenazado en lo que se refiere a productos industriales; no así en lo que se refiere a los agropecuarios.

El comercio interno no ha de variar mayormente salvo el aumento que, pueda influenciar un mayor consumo y el abaratamiento por un aumento.' natural en la oferta, de lo que no pueda o no deba exportarse.

En cambio, a largo plazo, si no sobrevienen cuestiones internacionales extraordinarias, es de esperarse una tonificación comercial en lo externo y en lo interno.

La producción noble, como que representa la verdadera riqueza, será sin duda la que ha de cuidarse especialmente.

La ganadería, de gran prosperidad actual, tiene asegurada la colocación de sus saldos exportables. Con ello su situación no cambiará en forma decisiva en el quinquenio de posguerra.

La agricultura, en cambio, ha sufrido y seguirá sufriendo especialmente, si la industria plástica no comienza a insumir gran parte de la producción agrícola.

Es menester pensar en que el Estado ha de empeñarse a fondo para salvar el agro y estabilizar la vida y producción a más de medio millón de productores y sus familias.

Ello entraña un problema de fondo, sin cuya solución no podrá seguirse sosteniendo el orgullo de ser el “granero del mundo”.

El problema de la tierra debe ser encarado en serio, pues la ley 12.636 es una irrisión y un escarnio más del pobre chacarero. El problema argentino esta en la tierra: “Dad al chacarero una roca en propiedad y él os devolverá un jardín; dad al chacarero un jardín en arrendamiento y él os devolverá una roca”.

La tierra no debe ser un bien de renta sino un instrumento de producción y de trabajo.

La tierra debe ser del que la trabaja y no del que vive consumiendo sin producir a expensas del que la labora.

Nuestras perspectivas no son tan negras como algunos quieren hacer creer.

Hoy la Argentina es el paraíso del mundo, y lo seguirá siendo si estamos unidos, nos despojamos del egoísmo y nos convencemos de una buena vez de que la felicidad no depende tanto de poseer gran riqueza, como de no ambicionar lo innecesario.

Dentro de nuestras posibilidades actuales, la ley de jubilación de los empleados de comercio no puede producir sino bien por ser la imposición justa y equitativa de un imperativo de justicia social.

Defiendan ustedes mismos esta conquista contra los que tratarán de impugnarla y el tiempo les dirá de la razón de éstas mis palabras.

El porvenir de la patria, dependerá de la seguridad social de sus habitantes. Para ello crearemos los medios protectores de la masa trabajadora argentina. Esta acción nuestra será combatida. Pero advierto que a esa resistencia opondremos la energía capaz de extinguirla.

Vosotros, los trabajadores manuales e intelectuales del comercio, actividades afines y civiles, tenéis ya vuestro régimen de previsión social. Se trata de un derecho conquistado con esfuerzo. Espero que lo defendáis con amor y tenacidad

JUAN DOMINGO PERÓN

lunes, 2 de diciembre de 2024

A 60 años del mensaje de Perón luego de ser impedido de poder volver a su Patria.

 



Carta a los Compañeros Peronistas 2 de diciembre de 1964


Escrito por Juan Domingo Perón. 


A LOS COMPAÑEROS PERONISTAS


Río de Janeiro, 2 de diciembre de 1964.


El gobierno cipayo de este país ha frustrado mi primer intento de cumplir mi promesa de regresar al país. Una verdadera conspiración internacional dirigida y orquestada por los imperialismos dominantes con el concurso de los países en manos de usurpadores entregados y entregadores de sus pueblos, ha pedido en esta ocasión más que la razón que nos asiste.


El "Plan para el Retorno", como oportunamente lo habíamos anunciado, es de pacificación hasta el 31 de diciembre, plazo que habíamos establecido para que los enemigos del Pueblo entraran en razón.Hace ocho meses el "Gobierno" por su "Justicia" pedía mi extradicción al Gobierno de España sin éxito. Poco después el Presidente Illía manifestaba que "el regreso del General Perón era solo cuestión del señor Perón. Hace dos días el Ministro de Relaciones Exteriores afirmaba que "si Perón regresaba al país sería detenido de inmediato". Frente a todo ello, yo decidí entrar en el país, para enfrentar esa situación y soy detenido en Río de Janeiro por los secuaces del imperialismo y del "Gobierno Argentino".


En esas condiciones, la respuesta de nuestros enemigos al ofrecimiento de paz y al intento mío de entrar en el país para lograrla, es la guerra. La responsabilidad de lo que ha de ocurrir en el futuro recaerá sobre ellos como así las consecuencias.


El comportamiento de los compañeros que integran la "Comisión Nacional por el Retorno de Perón" está más allá de toda ponderación desde que lo han expuesto todo con la mayor decisión y valor en los duros momentos que juntos hemos debido afrontar.


La inteligente preparación y ejecución de la "Operación Retomo" realizadas por estos compañeros, con gran espíritu de sacrificio, me persuade de la necesidad de confiarles la conducción total de las operaciones que, por designio de nuestros enemigos, se iniciará de inmediato.


La hubiera querido conducir personalmente con la ayuda de ellos, pero la imposibilidad momentánea de entrar a la Patria me lo impide. Por ser una guerra se impone que la disciplina sea su característica más saliente en lo orgánico y funcional. Ya nadie tiene otro saber que el de obedecer y de cooperar. Se terminó el tiempo de opinar en disidencias; comienza la etapa de luchar disciplinadamente, cada uno en su puesto. Al que no esté de acuerdo con ésto es mejor que se aparte. La conducción tiene como su exigencia más funamental la disciplina y sin ella no hay lucha posible. Esta es etapa de mando y el mando se ejerce sin limitaciones derrotistas. El que no desee someterse a esta perentoria necesidad tiene el derecho a desertar pero no a perturbar.


En cuanto a la acción, se acabaron las contemplaciones. Hay que comenzar la guerra integral por todos los medios, en todo lugar y en todo momento. Alejado momentáneamente de esa lucha por imperio de las circunstancias estudiaré mi accionar futuro. Hasta entonces no habrá otro comando que el que antes indico para el cual pido a todos los compañeros, en nombre del futuro de nuestro Movimiento y de la liberación del Pueblo y de la Patria, su más amplia y leal subordi­nación y colaboración.


Mi larga experiencia política y mis conocimientos de los hombres y la conducción me capacitan como para poderos aconsejar al respecto. Los compañeros que forman la actual "Comisión Nacional" han sido amplia y profundamente analizados en su capacitación, como probados en la forma más fehaciente en su lealtad y sinceridad, por lo que me decido a delegar en ellos el mando, en la seguridad de que con ello aseguro nuestro porvenir y el de nuestro Pueblo.


En la lucha es donde yo he aprendido a conocer a los hombres que realmente valen. Nuestra juventud debe hacerme caso porque no me equivoco. Los jóvenes deben poner el impulso y los viejos debemos elegir la dirección. Ese mismo equilibrio ha sido logrado en los hombres de la conducción.


Hasta que yo esté en la Patria para luchar al lado de Ustedes, ellos dirán mi palabra.


Un gran abrazo.


Firmado: Juan Perón.


jueves, 28 de noviembre de 2024

Se cumplen 66 años de estas líneas escritas por Juan Perón: "En este momento, si el Peronismo, aún con el nombre de Justicialismo, tratara de evolucionar hacia la formación de un "Partido Clasista" cometería un error porque concitaría la oposición de grandes sectores de las otras clases que nos son afectas y que pueden servir cualitativamente a nuestra causa. "

 



Carta al Sr. R.J.A. 28 de noviembre de 1958 


Escrito por Juan Domingo Perón. 


Ciudad Trujillo, 28 de noviembre de 1958.


Al Sr. R.J.A. Buenos Aires


Mi querido amigo:


Contesto sus cartas del 10 y 13 de noviembre pasado y le agradezco su recuerdo y sus valiosas informaciones que completan el cuadro de las que me llegan por otros conductos y me permiten integrar la situación general y conocer otros puntos de vista muy interesantes, por lo que le pido que me siga remitiendo su correspondencia en la forma que lo ha hecho hasta ahora. Tratándose de Usted, con quien venimos trabajando hace tantos años, la información me resulta doblemente valiosa porque yo sé de su sinceridad, lealtad al Justicialismo y honradez.


Yo sé que, como me dice Usted, los compañeros dirigentes gremiales son una absoluta garantía de honestidad de propósitos y de lealtad a los principios que forman nuestra doctrina y alimentan nuestra lucha. La experiencia de muchos años me demuestra esas virtudes en los companeros y mi invariable conducta hacia la orientación sindicalista durante toda mi gestión de Gobierno demuestra mi consecuencia hacia los mismos principios que éllos sustentan. Muchas veces les he dicho públicamente a los dirigentes sindicales reunidos en la C.G.T. y en otros lugares que el Justicialismo tendía al "Estado Sindicalista" como objetivo final y que, las formas adoptadas por el Movimiento Peronista estaban destinadas a realizar la metamorfosis paulatina sin caer en demasías inútiles y sin provocar transiciones violentas. La composición de nuestro Gobierno y de nuestro Parlamento, su evolución hacia formas cada vez más sindicales y menos políticas; a la preponderancia efectiva de la Central Obrera dentro de las Instituciones nacionales y la agremiación integral que comprendía a las fuerzas del trabajo, patronales de la producción, la industria y el comercio, los profesionales, universitarios estudiantes, etc., como asimismo la tendencia constitucional impresa en la Constitución de 1949 y, en especial, la de las provincias del Chaco (General Perón), La Pampa (Eva Perón) y otras, iban dando a la evolución el tinte paulatino sindicalista, sin recurrir a las formas bruscas. Es indudable que el país aún no se encontraba y no se encuentra en condiciones de introducir una reforma integral hacia el "Estado Sindical", porque subsisten aún, con preponderancia, las formaciones políticas, máxime con el triunfo momentáneo de la reacción en la revolución asesina de 1955 y el Gobierno que le ha sucedido en manos de otro sector de la misma reacción.


En este momento, si el Peronismo, aún con el nombre de Justicialismo, tratara de evolucionar hacia la formación de un "Partido Clasista" cometería un error porque concitaría la oposición de grandes sectores de las otras clases que nos son afectas y que pueden servir cualitativamente a nuestra causa. El Proceso debe ser paulatino y formativo: hay que sindicalizar en gran escala para que, sin distingo de las actuales clases, ser vaya imperceptiblemente llegando al sindicalismo integral, después de lo cual el "Estado Sindicalista" será un hecho que se ha producido sin necesidad de encender una lucha peligrosa. Los hechos que se han producido en 1955 y que se están produciendo en nuestros días, demuestran de una manera elocuente que es menester andar, en esta cuestión con una prudencia absoluta, tratando de hacer sin agitar un fantasma que, por desconocido, resulta muchas veces mal apreciado.


Por esas razones y muchas otras que sería largo enumerar, creo que en la organización de nuestras actuales fuerzas gremiales y políticas, debemos actuar con gran tacto e inteligencia, realizando una tarea eficaz en la unificación de propósitos, manteniendo una absoluta unidad de acción en la lucha a través de una comprensión que asegure una colaboración y cooperación entre las distintas fuerzas que conforman cualitativa y cuantitativamente a nuestro Movimiento.


No se me escapa que nuestra principal fuerza actual radica en las organizaciones sindicales, ni dejo de comprender que el mayor aporte peronista proviene de la clase trabajadora y sus organizaciones sindicales, ni dejo de entender la influencia preponderante que los dirigentes sindicales ejercen en ese aporte, pero si nosotros nos desviáramos ahora hacia un partido clasista, enfrentaríamos a esas fuerzas con las políticas inútilmente, en un momento en que es necesario sumar y no dividir. La forma de realizar la metamorfosis de que antes hablé es, precisamente, la inversa: trabajar unidas y solidarias las fuerzas gremiales y políticas peronistas esperando que el tiempo', las circunstancias y la evolución natural realicen el milagro. Contando con buenos dirigentes sindicales, con una inmensa masa de trabajadores, con excelentes organizaciones gremiales, con una doctrina encaminada hacia los fines sindicalistas, ¿qué se puede temer de que las cosas no se realicen solas como preveemos?


Precisamente la reacción se ha dado cuenta del peligro que para ella representa el "Estado Sindicalista" y trata por todos los medios de evitarlo, recurriendo a dividir a la clase trabajadora y sus organizaciones sindicales, ayudando para ello a los amarillos y aun a los comunistas, con la intención de formar, como sucede en muchos países, varias centrales obreras y diversos sindicatos en cada especialidad. Frondizi ya ha dado evidentes muestras de esta orientación y ha demostrado en su acción corruptora e insidiosa que trata de separar el Peronismo de las organizaciones sindicales peronistas, sin éxito hasta ahora, pero la intención está a la vista. Cualquier indicio que nosotros demos hacia la orientación clasista será favorable a estos intentos frondizistas de la reacción. Creo que lo más prudente, en los momentos actuales, es proceder a realizar sin aparecer, llegando a un absoluto acuerdo entre las organizaciones sindicales peronistas y el Consejo Coordinador del Peronismo en forma que, aun manteniendo separadas ambas conducciones y direcciones, se proceda a un absoluto y solidaridad. Divididos en la forma y unidos en el fondo.


En caso alguno se debe dar al Gobierno la oportunidad de tratar con éxito de dividir a los peronistas sean éstos del campo político como sindical. Para ello debe existir una absoluta unidad de propósitos y de acción en todas nuestras fuerzas y, cuando incidentalmente debe tratarse con el Gobierno, es necesario antes acordar mutuamente la conducta a seguir para evitar después discrepancias y fricciones que tiendan a la división. Vale más en ésto la solidaridad de las fuerzas que cualquier ventaja real o aparente que pudiera obtenerse a costa de un perjuicio a la acción coordinada y de conjunto. No es momento ahora de dilucidar las preeminencias ni las supremacías, sino de enfrentar a un enemigo que parece decidido a retornar a la orientación gorila, que ha consistido en buscar la destrucción del Justicialismo y en aplastar a la clase trabajadora. Si ambos caemos en la amenaza de destrucción por una misma acción gubernamental, nada más lógico que Peronistas ya sea del campo político como sindical nos unamos férreamente para enfrentar tan injustas como peligrosas amenazas.


En la carta que dirigí a "las 62" y a la "C.G.T." les decía lo mismo y, en tal sentido, he hecho llegar al Consejo Coordinador las mismas instrucciones. Tanto en el Comando Táctico como en la Delegación que le sucedió esta unidad estaba asegurada, lástima grande que las deficiencias de la conducción táctica me hayan obligado a reemplazar estos organismos. Lo he hecho porque era imprescindible y porque, en cada circunstancia, no había otra solución. El Comando Táctico no sólo desobedeció las directivas del Comando Superior sino que ocultó esas directivas, cambiando en absoluto la idea estratégica, en abierta violación de su misión y esfera de acción. La Delegación iba por el mismo camino y continuó ocultando las directivas y cambiando la. resolución estratégica en los hechos mediante formas de ejecución táctica que nos condujeron a un callejón sin salida.


Estas fallas nos llevaron al fracaso, al punto que en seis meses, mientras nosotros contemplábamos al Gobierno y le hacíamos el clima tranquilo, éste dejaba de cumplir todos sus compromisos y convertimos al Peronismo en un partido oficialista, dejando las banderas de la justicia social, de la independencia económica y de la soberanía nacional, para que fueran enarboladas por nuestros enemigos con evidente perjuicio para nuestro Movimiento. Desde junio de 1958, cuando me di cuenta de la traición de Frondizi, el Comando Superior Peronista despachó cuatro directivas en las que apremiaba a la conducción táctica a tomar una actitud de oposición decidida y tenaz para obligar al Gobierno a cumplir. Ninguna de esas directivas tuvo aplicación y algunas de ellas fueron ocultadas y no llegaron siquiera a conocimiento de los dirigentes del propio organismo de conducción táctica.


La influencia de estas anormalidades tan peligrosas no se detuvieron en la acción política sino que trascendieron también a la acción sindical. La terrible derrota en la huelga de los médicos, la negativa de paro del 17 de octubre de tan triste memoria para los peronistas, el fracaso de las acciones de la huelga del 10 de octubre copada por nuestros enemigos, la falta de organización sindical, prevista en los compromisos de Frondizi para realizar en 120 días y que, después de seis meses nada se ha hecho efectivo, y muchas otras cuestiones subsidiarias, evidencian esa influencia. Yo no hago cargo a nadie, sino al orgánismo, ni se me ha ocurrido juzgar a los hombres porque eso no tiene ninguna importancia ni modifica la consecuencia de los errores cometidos. Sé que se ha sostenido que yo digo que los dirigentes sindicales son unos traidores. Eso lo puede decir sólo quien esté interesado en indisponer a los dirigentes peronistas con el Movimiento o conmigo. Mi obligación, como órgano de la Conducción Estratégica, es decir cuándo una cosa está mal e indicar cómo debe hacérsela bien, como asimismo tomar las medidas que aseguren el cumplimiento de las disposiciones y directivas. No es la de calificar a nadie y menos aún la de acusar de traidores a los compañeros que, como lo demuestro antes, poco han tenido que ver con la conducción táctica confiada a un organismo del que, a pesar de formar parte, no podían tener la responsabilidad de la orientación política ni táctica.


Esa campaña de provocación perfectamente determinada y en coincidencia con la que realiza el Gobierno con el mismo fin es suficientemente sospechosa. Nadie puede querer dentro del Peronismo la lucha entre los dirigentes políticos y los sindicales y menos aún un distanciamiento entre éstos y la conducción estratégica o sea Perón, de modo que los que hacen este juego al Gobierno y a nuestros enemigos, no pueden ser sino agentes de provocación de los mismos, que la realizan consciente o inconscientemente pero, en ambos casos, en forma igualmente perjudicial y peligrosa.


Por eso, la medida que nosotros debemos tomar perentoría y urgentemente, es la de reaccionar contra esta provocación, uniéndonos en forma absoluta, primero para hacer fracasar la provocación y, segundo, para realizar una acción solidaria y eficaz en beneficio de nuestros objetivos de conjunto, sin los cuales todos los objetivos parciales están destinados al fracaso. Hay que inducir a los compañeros dirigentes de las organizaciones sindicales a que se concreten sin pérdida de tiempo a los compañeros dirigentes del Consejo Coordinador, como asimismo he ordenado a éstos que lo hagan con los compañeros de "las 62" y la "C.G.T.A.". Sólo una absoluta solidaridad y unidad de propósitos y de acción de ambas organizaciones pueden asegurarnos la unidad de acción indispensable, sin la cual todas las cartas estarán en manos de nuestros enemigos.


Yo le pido a Usted que se encargue de realizar las gestiones que sean necesarias a este respecto en la seguridad que realizará la acción más importante de los momentos actuales y la "C.G. T. A." puede empeñarse en esta misión, porque no tiene conflicto ni interés alguno que pueda ser considerado como parcial o interesado.Por sus palabras, veo que Prieto no ha referido a "las 62" y a la "C.G.T.A." la realidad de las cosas en su último viaje. Empiezo a decirle que yo no lo llamé sino que él se apareció aquí casi de sorpresa. Su información, dicha en presencia de Américo Barrios y del doctor Cooke, fue de que habían sido maniobrados por el compañero Olmos quien había preparado todo lo ocurrido con referencia al paro del 10 de octubre y el fracaso del 17 de octubre. Manifestó asimismo que ellos habían sido los primeros engañados y que, la maniobra de paro para el 10 y el 17 de octubre, se había consumado deliberadamente y que, como consecuencia de ello nuestros enemigos habían copado el paro del 10 y que, en contra de ló que quería la Delegación, el plenario de "las 62" se negó a ordenar el paro del 17 de octubre. Estas son casi sus palabras y, siguiendo la costumbre que aprendí de los dirigentes obreros, mis conversarciones con Prieto lo fueron siempre con testigos: Barrios y Cooke.


Es natural entonces que el compañero Framini y el compañero Martínez, que me visitaron posteriormente, llevaran allí la realidad tal cual se la manifestamos tanto yo como Américo Barrios. No alcanzo a comprender los móviles que se hayan tenido para cambiar las cosas porque nosotros aquí vivimos una realidad sacada de los hechos subjetivos y no influenciada por las particularidades deformantes de las pequeñas cosas que, a menudo, suelen cambiar la situación real por otra distorsionada por lo anecdótico y circunstancial. Puedo asegurarle que la resolución de entregar la conducción táctica al Consejo Coordinador, no sólo ha sido tomada por los errores cometidos sino porque he tenido la sensación cabal de que "algo estaba podrido en Dinamarca".


Referente a lo que me dice de la organización de las fuerzas políticas en manos del Consejo, no me interesa tanto la carta orgánica, ni el nombre del Partido, como que se proceda con rapidez y honestidad. Hace ya un año que vengo temando con esa organización sin conseguir hasta ahora que se haga nada. Tanto el Comando Táctico como la Delegación perdieron lamentablemente el tiempo sin haber hecho nada por la organización del partido que, como comprenderá, es lo más importante que debemos hacer. La actual situación puede precipitarse en cualquier momento y nada podremos hacer sino tenemos organizadas las fuerzas para aprovechar ese momento, que sin duda será también aprovechado por nuestros enemigos que se encuentran organizados.


No debe preocupar a los dirigentes obreros ni la carta orgánica ni el nombre del Partido. Es suficiente saber que yo estaré al frente de esas organizaciones para tener una absoluta garantía de todo lo referente al sentido sindical de las fuerzas que formen el Peronismo con otro nombre. Yo no he querido que me manden el proyecto de carta orgánica porque estimo que se pierde tiempo en cosas secundarias. He deseado que, con cualquier carta orgánica, se realiza la organización. Es necesario que en cada provincia se organice el peronismo y que lo mismo se haga en la Capital Federal. Luego se hará la correspondiente asamblea y se elegirán las autoridades. Si en realidad lo que hay que hacer es simplemente los registros de afiliados de la antigua organización que es lo único que falta. No se trata de un nuevo partido sino de reconstruir lo que los gorilas destruyeron.


Una vez organizadas las fuerzas políticas y encuadradas las fuerzas gremiales, todo se podrá hacer de la mejor manera ¿Qué podemos empezar a discutir antes de tener la organización? Sería algo así como hacer un guiso de liebre sin liebre. Hay que hacer algo aunque lo que podamos hacer ahora no sea lo mejor porque, a menudo, en la organización lo mejor suele ser enemigo de lo bueno. Cuando se hayan elegido las autoridades y el peronismo esté representado por todo el país en su dirección, y su encuadramiento se haga por los dirigentes elegidos por la masa, recién comenzará a funcionar como institución política. Hasta entonces todo será discutido y discutido con razón. Sólo el estado orgánico dará la estabilidad necesaria.


La organización es a los fines de una conducción una unidad de concepción y de acción. Nada tiene ésto que ver con la línea estratégica que debemos seguir en cuanto a lo específicamente organizativo de las fuerzas destinadas a obrar en lo legal. Si Ustedes han leído las "Directivas Generales para todos los Peronistas" N° 2, habrán comprendido las causas por las cuales es necesario organizar las fuerzas en la legalidad y en la ilegalidad. No hay que confundir el Partido Peronista (o Justicialista) que se organiza en la legalidad para encuadrar a todos los peronistas, con las fuerzas de la que se organizan en la clandestinidad con funciones ilegales en un trabajo insurreccional. Como sería lo mismo en los sindicatos peronistas que contendrían a todos los afiliados y dentro de ellos existirían los grupos de choque organizados para el trabajo ilegal y en la clandestinidad. No proceder de esta manera es quedarse de un momento a otro sin organización y sin medios para luchar, como ocurrió el 16 de septiembre de 1955. Así como la central obrera y los sindicatos deben tener directivas de reemplazo para el caso de que las directivas permanentes sean detenidas y grupos de choque para emprender la lucha ilegal, el partido político, en circunstancias como las que estamos viviendo, debe tener fuerzas legales y fuerzas ilegales. Las primeras funcionan como partido político y las segundas como fuerzas de resistencia, sin perjuicio que las legales se conviertan en casos dados en ilegales.


Yo estoy completamente de acuerdo con Usted al pensar que esta situación no será solucionada mediante los arbitrios legales. Basta advertir para éllo que aún estamos en la ilegalidad a los seis meses del "gobierno de derecho". Cerrados los caminos de la ley y los beneficios de la justicia el Peronismo no tiene más camino que la violencia. Aun los gorilas si quieren llegar al Gobierno cómo anhelan, no tienen más recurso que el golpe de estado. En otras palabras, cualquier variante de la actualidad política sólo puede llegar por la violencia. Frondizi, con sus últimos actos, ha demostrado de manera terminante que su permanencia en el Gobierno no puede asegurarse tampoco de otra manera, desde que tiene a todo el país en su contra. Por eso establece el estado de sitio para parar a los gorilas, decidir a las Fuerzas Armadas y evitar el golpe de estado preparado entre sus propias fuerzas políticas. Sin embargo, encarcela a cientos de peronistas sin ton ni son, porque imagina que conspiramos y porque, con eso quiere dar una satisfacción a los gorilas de las Fuerzas Armadas que esperan el terror con que intimidar a los dirigentes y porque sabe que su incumplimiento lo coloca frente al Peronismo que no ha de perdonarle su traición.


Me agrada oírle decir que desde el día siguiente de la asunción del mando por Frondizi, Usted manifestó a Cooke que era necesario apretar a Frondizi porque no iba a cumplir, porque yo le dije lo mismo y luego envié varias cartas ordenando la agitación y cuatro directivas al Comando Táctico conminando lo mismo sin resultado. En las visitas de Cooke y de Prieto, no dejé nunca de recomendarles la mayor energía desgraciadamente sin resultado, porque éllos creían que Frondizi cumpliría sus compromisos, alegando que si no lo hacía en ese momento era porque los gorilas no lo dejaban. En Frondizi todo ha sido mentira siempre como es ahora mentira cuanto ha argumentado para iniciar la persecución del peronismo y el aplastamiento de la clase trabajadora. Es falso también que las Fuerzas Armadas lo fuercen a perseguir y es mentira que los gorilas puedan voltearlo. El teme más al Peronismo que a los gorilas y por eso se une a éllos contra nosotros, en tanto nos quiere hacer creer que debemos guardar orden y colaborar para destruir al gorilismo. Este no es un Machiavello de Gubbio, es simplemente un vulgar sinvergüenza.


De acuerdo con Usted que debe realizarse una conducción táctica política para la realización de las acciones en el país, dentro de las directivas emanadas del Consejo Superior con carácter estratégico. Para éllo lo mejor es que el Consejo Coordinador se reúna con "las 62" y la "C.G.T.A." y acuerden en cada caso la conducta común, de manera que nuestros enemigos no puedan tratar de batirnos por separado o de maniobrarnos aprovechando nuestra separación. Eso es lo que antes le recomiendo.La Resistencia: es real lo que Usted dice; hoy todos los que anhelan actuar de dirigentes se declaran de la resistencia, y así como antes, cuando había que colocar bombas y realizar actos de sabotaje, no se encontraba con quien hacerlo, hoy no existe un peronista que no haya sido saboteador y tirabombas. Como le digo antes, las fuerzas de la resistencia deben ser organizadas y reorganizadas, porque su empleo debe preverse con seguridad antes de mucho tiempo. Pero esa organización debe ser clandestina y preparada para la acción en el campo ilegal. De modo que nadie que sea conocido puede ser de la resistencia porque, en tal caso, será detenido en los primeros momentos. La resistencia debe estar conducida por personas de extraordinaria prudencia, que no sean sospechados y menos conocidos, de gran seriedad y capacidad de acción, probados en la resistencia anterior si es posible y que deseen actuar sin aparecer para nada. Sólo así tendremos una resistencia efectiva. En cambio nada podemos esperar de los "chantapufis" que andan haciendo alarde de haber actuado en la resistencia sin que nadie los haya conocido como tales, ni menos los haya visto en acción alguna.


Usted en su carta habla de un informe que me remitió con Prieto pero, debo decirle, que Prieto no me ha entregado nada suyo en su último viaje y, anteriormente le contesté con motivo de otro informe que me llegó de parte de Usted.


A los diarios les he hecho llegar la necesidad de dedicarse a combatir a los enemigos y no a los peronistas, cuyos defectos y errores deben ser defendidos y no atacados públicamente por los demás peronistas que, en privado pueden decirles lo que quieran, pero que es una verdadera provocación hacerlo públicamente o, por lo menos una deslealtad gastar espacio para atacar a compañeros, espacio que se resta del necesario para atacar a los enemigos.


Por sus informaciones veo, que las elecciones gremiales, si se realizan, serán ampliamente favorables al Peronismo, circunstancia que me hace pensar que no se realizarán por lo menos por ahora. Sin embargo, hay que luchar todo lo posible para evitar la duplicidad de listas peronistas en los gremios, máxime cuando ello pone en peligro el éxito. Es necesario que los dirigentes se persuadan que todo es secundario ante la imprescindible necesidad de vencer en estas elecciones para posesionarse de los sindicatos y de la central obrera. Con ello la mitad del éxito está asegurada; faltaría la otra mitad que estará representada por la buena conducción que se haga desde esas organizaciones hacia los objetivos perseguidos y la misión que nos hemos impuesto. Y, hay que tener siempre presente, que una buena colaboración y cooperación de las fuerzas gremiales y políticas del Peronismo, asegurará el triunfo final y definitivo, lo que impone perentoriamente que se actúe sin pérdida de tiempo, de consumo y en la mayor comprensión y ayuda mutua.


Le ruego que haga llegar a los compañeros mis más afectuosos saludos, con mis grandes deseos de éxito para sus organizaciones que es parte del éxito de todos los peronistas.


Un gran abrazo.


Firmado: Juan Perón


P.D. Me olvidaba decirle que me parece que las organizaciones sindicales del Interior se encuentran un poco olvidadas por los dirigentes de la Capital. Es necesario movilizar a los compañeros del Interior, para que participen también en la acción que se está desarrollando allí para la organización general de las fuerzas gremiales. Esta misma indicación vale para las fuerzas políticas.


miércoles, 24 de mayo de 2023

Hace 49 años hablaba Juan Perón: “Para ganar una elección lo que se necesita es tener votos. Cuando se llega al gobierno, ya los votos no sirven para gobernar; para ello se necesitan hombres capaces y organización”

 



DISCURSO EN EL CONGRESO NACIONAL JUSTICIALISTA, REUNIDO EN EL TEATRO NACIONAL CERVANTES



Compañeras y compañeros: quiero manifestarles la inmensa satisfacción que experimento, al poderlos saludar directa y personalmente, rogándoles a todos los delegados que lleven a sus regiones este afectuoso saludo que yo hago llegar, desde el fondo de mi corazón, a todos los peronistas del país. 

Modificando mi norma de conducta, he querido llegar hasta este congreso peronista como un peronista más, ya que, desde el punto de vista del presidente de la República, debo mantener una absoluta ecuanimidad en el aspecto político, a fin de poder mantener un equilibrio que permita al país contar con la buena voluntad y el apoyo, aún de la oposición política. Porque esa es la única manera de conjugar a la totalidad de los argentinos que necesitamos para esta hora de reconstrucción y liberación de la patria. 

Me siento feliz de ver que mis compañeros peronistas llegan hasta este congreso a fin de afirmar la institucionalización del movimiento. 

El movimiento peronista ha sido, desde su creación, una organización tanto “sui generis”, y como en todas las revoluciones, ha primado desde los primeros momentos un sentido gregario, con una conducción perfectamente organizada en el sentido vertical. 

Así ha sido posible llegar hasta nuestros días después de treinta años de conducción política, realizada directamente por el jefe del Movimiento y sus órganos auxiliares en el comando de toda actividad peronista. Es indudable que esto obedece ya a una regla histórica en los movimientos revolucionarios. El gregarismo es, sin duda, el factor decisivo en la promoción de los movimientos revolucionarios, pero es necesario comprender que si eso puede ser indispensable en los primeros tiempos de la acción de un movimiento de masas como el nuestro, es menester pensar que su consolidación en el tiempo sólo puede realizarse a través de una organización. 


El hombre no vence al tiempo; lo único que puede vencer al tiempo es la organización. Por eso creo que después de treinta años de acción peronista, dentro de un sistema gregario, es indispensable que comience a accionarse rápidamente hacia una institucionalización que le dé al Movimiento un estado orgánico que, como dije antes, es el único que puede vencer al tiempo. 

Desgraciadamente, ya han transcurrido muchos años para nuestro Movimiento y es necesario ir pensando en que hay que cambiarle su sistema de conducción, para darle una conducción institucional y orgánica, que es la que puede continuar en el tiempo. 

Cuando caímos, en el año 1955, precisamente, mi primer pensamiento fue el de institucionalizar el Movimiento, a través de los comandos de exiliados y de una organización con que se pudo seguir la conducción de un Movimiento, en ese momento un tanto disperso. 

También pensé durante estos dieciocho años que ya debíamos haber realizado nuestra institucionalización, para la cual recurrí a un sistema de simbiosis; es decir, más o menos como ocurre en la botánica, cuando se plantan dos árboles juntos, éstos crecen y luego sale un tercero que no es ni uno ni otro, pero que no se diferencia mucho de uno y de otro. Vale decir, mantener el Comando Superior Peronista y dejar actuar a los órganos locales de la conducción de nuestro Movimiento. 

Entre esos dos factores, yo pensé siempre en la posibilidad de una simbiosis que permitiera ir retirando cada día más a Perón y dejando a la institución que había de reemplazarlo. Pero los resultados que se han obtenido en el orden de la institucionalización no han sido muy halagüeños. Ha prevalecido el sentido gregario de nuestros primeros tiempos. Hay que convencerse de la necesidad absoluta de lograr la institucionalización, ya que hoy más que nunca, estando en el gobierno, debo prescindir, por razones de convivencia política, de mi intervención directa en la política partidaria del Movimiento. 

Hoy los peronistas tienen que ser manejados por los peronistas y no por Perón, porque yo tengo otras funciones que son antitéticas con la intervención directa en la acción política partidaria. 

Si yo quiero poner a todos los argentinos a tono, tengo que tener un tono diferente a todos los argentinos; o sea, una prescindencia que me permita asegurar una ecuanimidad en todos mis procederes como presidente de la República, a fin de que nadie se sienta entenado en una familia en que todos deben ser hijos. 

Sin embargo, compañeros, es necesario pensar que presenciamos algunos espectáculos, especialmente en algunas provincias, poco edificantes para nuestro Movimiento. Quiere decir que no es la disciplina partidaria lo que brilla en la actual situación de nuestro Movimiento. La disciplina partidaria tiene que ponerse en acción a través de las autoridades que, afortunadamente, elegirá este congreso, que será de una gran trascendencia para el futuro peronista.

Pienso que es indispensable que le Comando Superior Peronista desaparezca para dejar lugar a la conducción por el Consejo Superior Peronista y todas las dependencias de ese Consejo Superior; a través de los Consejos en las provincias, y en las ramas en que el Movimiento Peronista se articula. 

Este congreso tiene una gran trascendencia, y pienso también que los hombres que este congreso elija para dirigir y conducir el Movimiento Peronista, tienen una gran responsabilidad frente al futuro del Movimiento. 

Hay que pensar que yo puedo desaparecer, que por el momento soy el elemento de aglutinación de los peronistas. Es necesario que eso se reemplace con un sentido de solidaridad peronista; solidaridad que ha de asegurar la cohesión que, en muchos casos, es lo que está fatalmente en el actual Movimiento. 

Esta no es una crítica simple. Si un movimiento multitudinario como el nuestro ha resistido a través de dieciocho años de exilio y de intentos de destrucción, es porque es una cosa firme y no muy fácilmente destructible. 

Pero, señores, eso no ha de envanecernos, porque indudablemente los Movimientos, como el peronista, tienen una función de inmensa trascendencia para la nacionalidad y tienen también una tremenda responsabilidad frente a un futuro que, en cierta medida, dependerá de lo que cada uno de nosotros seamos capaces de hacer. 

Para ganar elecciones es suficiente tener votos. Nunca me olvido que cuando comencé este trabajo, en 1945, un amigo conservador, que vino un día a visitarme, me dijo: “¿Pero van ustedes a presentarse a una confrontación política? Necesitan tener dinero y organización, y ustedes no lo tienen. ¿Cómo se van a presentar?” 

Le contesté: “Yo difiero con usted; creo que para ganar una elección lo que se necesita es tener votos”. 

Efectivamente, se realizaron las alecciones y, sin dinero y sin organización, ganamos; pero nos quedaba el rabo por desollar. 

Cuando se llega al gobierno, ya los votos no sirven para gobernar; para ello se necesitan hombres capaces y organización. 

Porque la política está constituida por dos procesos: para llegar, es un proceso cuantitativo; para gobernar, cualitativo. Con hombres solamente tampoco se llega, aunque sean muy capaces todos, porque si no hay unidad de concepción y de acción, aunque todos sean muy sabios y muy capaces, terminarán a los sillazos, como a menudo sucede. 

Eso lo ha logrado nuestro Movimiento desde los primeros días. Es decir, hemos llegado a tener un Movimiento con unidad de doctrina, con unidad ideológica y que durante treinta años ha subsistido firme en las premisas fijadas cuando nos echamos a andar. Sólo que hoy hay algunos que se dicen peronistas, que no piensan como pensamos doctrinariamente los peronistas de siempre. 

Decía, compañeros, que, indudablemente, a todos los que se dicen peronistas y desvarían ideológica o doctrinariamente, deberemos recomendarles que lean La comunidad organizada, La doctrina peronista y Conducción política. 

Pienso, compañeros, que dentro del peronismo, cualquiera debe pensar y sentir como se le dé la gana, siempre que no saque los pies del plato. 

Existen en el país un sinnúmero de ideologías y doctrinas diferentes. Al que no esté de acuerdo con la doctrina peronista, nadie lo obliga a que se quede con nosotros: que se vaya. Cuando se organiza una fuerza política, es preciso que se tengan en cuenta dos premisas: en primer lugar, que jamás debe ser sectaria y, en segundo término, que no puede ser un movimiento – diremos, regular, orgánico y funcional- si todos los que lo forman no tienen la misma concepción y, en consecuencia, la unidad de acción indispensable. 

Nosotros no somos un partido político sino un gran Movimiento nacional y, como tal, hay en él hombres de distinta extracción. Por mi parte, siempre cuento una anécdota de algo que me sucedió en la etapa inicial de nuestro Movimiento. Cuando empecé a organizarlo, había hombres que provenían de la derecha y, en realidad, eran de la reacción de la derecha. Del otro lado, había unos de izquierda y algunos, un poquito pasados de la izquierda. Pues bien: un día vino un señor de la derecha y me dijo: “General, usted está metiendo a todos los comunistas”. “No se aflija”, le respondí, agregando: “Yo pongo a ésos para convencerlo a usted, que es reaccionario”. 

Los movimientos populares y masivos como el nuestro no pueden ser sectarios. El sectarismo es un factor de eliminación y es poco productivo cuando en un movimiento de masas se comienza prematuramente a eliminar a aquéllos que no piensan como el que lo forma. Vale decir, resulta necesario ver esa enorme amplitud, sin ningún sectarismo. 

Los sectarismos son para los partidos políticos, pero no par los movimientos nacionales como el nuestro. Pero todo tiene un límite. Es indudable que no es suficiente con que yo diga que soy peronista para que todos crean que lo soy, porque en este sentido lo que uno dice no tiene el valor de lo que uno hace; y pensamos que dentro de nuestro Movimiento, desde siempre, para conocer a un cojo lo mejor es verlo andar. 

Por eso, nosotros a priori no rechazamos a nadie. Bienvenido sea todo aquel que quiera venir a formar parte del peronismo. En nuestro Movimiento nadie es peronista por derecho propio, sino porque pertenece a un Movimiento. Si pertenece al Movimiento, es peronista el que siente la ideología y la doctrina del peronismo.

Siempre hemos tenido una inmensa tolerancia, y la debemos mantener porque las grandes organizaciones institucionales obedecen a las mismas leyes que la organización fisiológica del individuo, por ejemplo. Si a una persona se la tiene esterilizada, sin contaminación de ninguna clase, el día que tome contacto con los demás, adquiere todas las enfermedades habidas y por haber, porque no tiene defensas, ya que éstas se producen, precisamente, por el microbio que entra al organismo, que genera sus propios anticuerpos. Por eso es que se lo vacuna a uno para que en el futuro no vuelva a tomar la misma enfermedad. 

De ahí que en los movimientos institucionales como el nuestro es necesario dejar que entren también algunos microbios, porque éstos generan sus propios anticuerpos y crean las autodefensas de la organización. 

En la defensa de nuestras organizaciones rige el mismo principio. Si a una persona, por cualquier causa, le aplican antibióticos, llega un momento en que estos antibióticos no le surten ningún efecto. 

En esto, no demos antibióticos; dejemos que esos gérmenes patógenos generen los anticuerpos, que suelen entrar en nuestras organizaciones. Pero tengamos la precaución de no dejar avanzar mucho las infecciones; porque, indudablemente, cuando esas infecciones llegan a cierto grado no se dominan ni aún con la penicilina. 

Es necesario vivir vigilantes, como todos vivimos. No porque tengamos autodefensas nos vamos a estrechar y compartir con los que están enfermos de una enfermedad contagiosa. 

Es necesario mantener cierta prudencia para evitar las infecciones. En la organización ocurre exactamente lo mismo. Tengamos cuidado con los gérmenes y desinfectémoslos a tiempo, que eso será siempre saludable. No les tememos, porque así como nosotros transitamos por la vida sin temor a las infecciones y a los microbios, y supervivimos debido a que tenemos nuestras autodefensas, de la misma manera nuestro Movimiento tiene sus autodefensas, las que se manifiestan inmediatamente que se detecta la presencia de un germen patógeno. 

Por eso, compañeros, las tareas de las organizaciones que han de conducir el Movimiento, como las de los dirigentes que han de encuadrar su masa, necesitan vivir vigilantes y atentos, sin extremar las cosas. 

Hasta cierto punto todo es tolerable y beneficioso: más allá comienza a ser intolerable y perjudicial. 

Hay que tener el sentido de la medida y de la realidad. El que conduce no puede apartarse jamás de esa prudencia y de esa sabiduría, que son indispensables dentro de la responsabilidad del que ha de conducir.

La conducción por organizaciones es la más difícil de todas las conducciones. La conducción individual, por sentido gregario, es relativamente simple, cuando hay convicción y acatamiento. La conducción por organismos es mucho más difícil, porque es más difícil poner de acuerdo a veinte cabezas que a una cabeza. Sin embargo, esto es indispensable que lo hagamos, no sólo por ahora, sino también para el futuro. Para ahora es indispensable porque estamos gobernando y, en algunos aspectos, por falta de organización, de solidaridad y de unidad de concepción, estamos perjudicando la unidad de acción que debe caracterizar al Movimiento en el gobierno. No es posible dar el espectáculo que hemos dado en algunas partes, donde los peronistas se pelean entre ellos todos los días y algunos de los gobiernos son ineficaces porque tienen que atender más la lucha de sus propios compañeros que las luchas que tienen que realizar para enfrentar los problemas. 

Toda esta acción, que es compleja, terminará si nosotros desde los organismos de dirección actuamos con capacidad y con inteligencia, desplazando a aquellos elementos díscolos que no aceptan la disciplina de conjunto. O a aquellos peronistas que prefieren hacer la pelea en la calle, con murmuraciones y tumultuosamente, cuando en realidad, de verdad, los peronistas, en cenáculos cerrados, pueden discutir y decir lo que quieran, sometiéndose después a lo que decida la mayoría, y salir a la calle a defender todo lo que se ha resuelto, con al misma decisión. 

Salen a discutir los problemas con los demás, los que pensaban de una manera y los que pensaban de otra, como si ellos hubieran sido los que tuvieron la iniciativa que dictó o impulsó la mayoría. En los cuerpos colegiados no hay otra conducta. Esa es la única conducta que puede hacer posible el éxito de la conducción en cualquiera de las tareas que ella impone. 

Por eso, compañeros, creo que la tarea que tenemos por delante en el peronismo es, precisamente, una tarea de adoctrinamiento porque, en estos años de lucha, nos hemos apartado un poco de la doctrina que siempre hemos sostenido. Y hay muchos que creyéndose peronistas, a lo mejor están sosteniendo todo lo contrario de lo que nosotros venimos pensando desde hace treinta años. 

En todo Movimiento como el nuestro, hay una ideología que es permanente y una tradición que también debe ser permanente. Fuera de lo que esa tradición y esa ideología imponen como permanente, no pude haber más que herejes para el Movimiento. 

Está bien que cambiemos los métodos de acción, que cambiemos las formas de ejecución, pero lo que no puede cambiar es lo que desde el primer momento hemos establecido como la gran línea directriz de nuestro Movimiento, de la cual no debemos apartarnos, pues si nos apartamos, no somos peronistas, sino de cualquier otra tendencia. Lo inconcebible es que digamos que somos peronistas y hagamos todo lo contrario de lo que el peronismo viene sosteniendo desde hace treinta años. Reitero: esto es inaceptable para nuestro Movimiento. 

Los que han de conducir el Movimiento Peronista en el futuro, cuyas autoridades saldrán de lo que decida este congreso, deben pensar que nosotros estamos realizando una verdadera revolución, fuera del infantilismo revolucionario, que no es lo mismo. Estamos realizando una revolución, pero en paz, utilizando, como he dicho yo, dos ingredientes que la revolución pone en juego, que es la sangre y el tiempo. Si queremos ganar tiempo. Gastaremos más sangre, y si queremos ahorrar sangre, utilizaremos más tiempo. Al gasto de sangre, nosotros preferimos el gasto de tiempo. 

No vive nuestro país tiempos para acciones realizadas a la tremenda, por cuanto tiene dos tareas que realizar: en primer término, reconstruir un país que ha sido destruido en gran parte, comenzando por los hombres; en segundo lugar, liberar al país, pero mediante una liberación efectiva y real, sin provocar perjuicios. 

Considero que debemos tomar las cosas en la realidad. Sin embargo, hay algunos que quieren expulsar a todas las compañías que hasta ahora han sido multinacionales. Mientras tanto, en otro sector vecino se sostiene que hacemos inversiones y que los extranjeros no invierten aquí.

Entonces, pregunto: ¿a cuál de estos dos hacemos caso? Creo que a ninguno de los dos, máxime que en lo que se refiere a esas compañías extranjeras, nosotros tenemos el poder de decisión. Vale decir, si ellas están de acuerdo con las leyes que se han dictado, deben hacer lo que decimos nosotros. Para ello, no necesitamos expropiarlas ni echarlas del país, en virtud de que constituyen factores de desarrollo indispensables. 

Los que quieren inversionistas de este tipo, ya no tienen lugar en nuestro país porque ahora los que invertimos somos nosotros. Y si algunos extranjeros quieren invertir, ellos serán bienvenidos siempre que obedezcan las disposiciones que nosotros tomemos respeto a su producción. 

Hace poco se ha producido un fenómeno que ha puesto en claro esta situación. Varias empresas industriales pusieron algunos reparos para exportar a países que a ellos no les eran gratos. Se llamó a esos señores y se les dijo: “Si son gratos o ingratos para ustedes, eso a nosotros no nos interesa; basta que sean gratos para nosotros”. 

Entonces, en el alto nivel se planteó esta situación, pero a nosotros no nos interesó. Hicimos los acuerdos con los países a los cuales queríamos venderles, y les vendimos. Si estos señores se hubieran seguido oponiendo, hubiésemos tomado otras medidas. Esto no fue necesario hacerlo, porque enseguida vinieron y dijeron: “Si señor, nosotros hacemos lo que hace el gobierno”. Para nosotros eso es suficiente. 

Compañeros: en esto, por sobre todas las cosas, debe prevalecer la defensa de los intereses de la Nación. La liberación no es un problema de violencia sino de inteligencia. Los que colonialmente están sometidos, siempre es por dos causas: unos, porque son débiles, encuentran favorable ese camino y se entregan, y otros porque son tontos y los dominan a la fuerza. De estos dos caminos tenemos que liberarnos. 

La liberación no es un problema de salir a matar todos los días a un extranjero que está en el país, y menos aún de recurrir al robo, al secuestro o al asesinato para resolver problemas, porque esto se resuelve con buena voluntad, en paz y con tranquilidad, si se sabe proceder inteligentemente. 

En el Movimiento Peronista, ésta ha sido la norma; siempre hemos procedido dentro de esos lineamientos. 

En 1955 caímos porque yo aprecié que no valía la pena provocar en el país una guerra civil que lo hubiera atrasado cincuenta o cien años y que hubiera llevado a la muerte a uno o dos millones de argentinos, a pesar de que teníamos la fuerza necesaria para impedirla. 

Recuerdo siempre que uno de mis asesores militares –que en ese entonces actuaba en la Secretaría de la Presidencia-, me dijo un día, un poco disgustado: “Si yo fuese Perón, peleaba”.

Le contesté: “Si yo fuera usted, a lo mejor también peleaba, pero yo tengo la responsabilidad y sé que este tipo de luchas intestinas no sólo matan millones de argentinos sino que también atrasan al país por un siglo”. Y si no, veamos lo que les ha costado a quienes hicieron ese tipo de revoluciones, y lo que han alcanzado después de hacerlas. A lo mejor han quedado peor que antes. 

Señores: en esto hemos sido siempre pacifistas. Lo he declarado toda mi vida. Soy un general, y a veces tengo que estar tirándome de la cola porque tengo todavía el general adentro. 

Esto no es cuestión de lucha cruenta ni violenta; más bien es una tarea de construcción permanente en la cual todos debemos poner la mejor buena voluntad para que se realice lo necesario para llegar al engrandecimiento del país y a la felicidad del pueblo argentino. 

Procediendo de esta manera se evitará tener que matar a un solo argentino. 

Esa ha sido la posición de nuestro Movimiento. 

Cedimos en aquella oportunidad y algunos dijeron que yo era flojo. ¡No! En esto, un general que manda desde muy lejos y muere en la cama tranquilo, con un montón de inyecciones, no es una cuestión de valor personal ni directo. Es cuestión de pensar en las consecuencias y apreciar lo que será el proceso, a fin de resolver aquello que es más conveniente para la Nación.

Nosotros sólo somos agentes de ese porvenir, de esa felicidad y de esa grandeza. Si como agentes de eso no defendemos al país, no estamos cumpliendo con nuestro deber, aunque para eso sea necesario despojarse de la pasión, del amor propio y de todas esas cosas que tiene poco valor frente al futuro de la Nación. 

Compañeros: constituidas ahora las autoridades de nuestro Movimiento, espero que dediquemos un tiempo a la difusión de nuestra doctrina, porque creo firmemente que es indispensable hacerlo. Es así como llegaremos a la comprensión de los problemas que el Movimiento impone; llegaremos también, a través del conocimiento de esa doctrina, a una unidad de concepción; y a través de esa unidad de concepción, aseguraremos también la unidad de acción peronista. 

El gobierno tiene su grave responsabilidad y no se puede cometer actos partidarios que pongan en peligro la defensa de esa responsabilidad por la cual todos tenemos que preocuparnos. Por eso, muchos hechos que se han producido, en algunas provincias especialmente, nos han llevado a la necesidad de intervenir a una de ellas. Problemas que no se han producido entre el gobierno y la oposición política, sino entre el gobierno y los sectores peronistas, a los que ahora se les ha dado por combatir entre ellos. ¿Por qué? Porque no combatimos contra la oposición; es decir, parece que tienen tanta sangre torera, que quieren estar todos los días peleando. 

Cuando un peronista, esté en el llano o en las organizaciones de cualquiera de las ramas que componen el Movimiento, no está conforme con una acción de gobierno debe recurrir ante quien lo pueda remediar, pero no dedicarse a murmurar en la calle y a organizar obstáculos, porque con eso no se consigue sino exacerbar los ánimos y provocar una lucha estéril, que será aprovechada por los enemigos políticos nuestros para acopiar influencias y para denunciar ante la opinión pública que somos irresponsables, porque estamos peleándonos entre nosotros en vez de cumplir la obligación para la cual hemos sido elegidos, que es la de gobernar y gobernar bien. 

Espero, compañeros, que se concrete la organización de las fuerzas del Movimiento, es decir, la rama política masculina, la rama política femenina y la rama sindical, que fueron las tres grandes fuerzas que se nuclearon para formarlo y para proyectarlo en el futuro. Se había pensado en una rama juvenil, pero los hechos han demostrado que es una anarquía tan grande la que reina en ese sector, que vamos a desensillar hasta que aclare. 

Hasta ahora nosotros habíamos sido los que somos, y somos muchos, con las ramas existentes, donde los muchachos se incorporaron al Partido Peronista masculino y las muchachas al Partido Peronista femenino. Los sindicatos también tenías su juventud, dentro de sus respectivas organizaciones. No queremos incorporar la manzana de la discordia dentro del Movimiento. 

Por esa razón, creo, y así aconsejo a las organizaciones, que es menester que nos mantengamos con nuestras propias ramas, hasta que este panorama aclare. 

La juventud es bienvenida, pero, naturalmente, no queremos que después de su bienvenida nos haga un bochinche dentro del Movimiento. 

Ya manifesté que siento una profunda admiración por la juventud, pero es preciso que esa juventud, al incorporarse a nuestro Movimiento, no pretenda tomar la dirección y conducción del mismo. Somos muchos y tenemos mucha experiencia, como para entregarnos a la improvisación que bien puede conducirnos a un fracaso. Doctrinaria e ideológicamente, nosotros no hemos tenido jamás un fracaso. Por eso hemos resistido siempre. No me olvido nunca lo que me contaba Isabelita después que visitara China. Un día le dijo a Chou En Lai que teníamos una juventud maravillosa. Y éste le dijo: “Sí, pero no hay que decírselo”. Este es un consejo de una profunda sabiduría. Tenemos una juventud maravillosa, pero, ¡cuidado! La juventud será maravillosa si incorpora nuestra experiencia. Si hace caso omiso a esa experiencia que nos ha costado mucho adquirir, puede producirle al Movimiento muchas lágrimas en el futuro. 

Por eso, compañeros, sigamos como hasta ahora, que no nos ha ido tan mal como algunos creen. Sigamos firmes en nuestra posición. Los conductores del Movimiento que han de tomar desde ahora la dirección total del mismo, deben pensar que es necesario volver a los cánones de nuestra doctrina y de nuestra ideología a fin de realizar una conducción sin sectarismos, pero también sin desviaciones. 

El sectarismo sería perjudicial cuantitativamente; la desviación, lo sería cualitativamente. 

Evitemos los dos males. Éstos sólo se evitan con una extremada prudencia en la conducción, que dentro del Movimiento Peronista está facilitada. Y lo está por muchos años de adoctrinamiento que tenemos los viejos, por mucha experiencia que tenemos los viejos y los hombres maduros, por todo lo que hemos pasado y que ha dejado una enseñanza extraordinaria. Esa experiencia no se adquiere sino verdaderamente en el sacrificio de las cosas que han sucedido. 

Compañeros: podría decir como Martín Fiero: “les doy estos consejos, que me ha costado adquirirlos porque deseo dirigirlos; pero no alcanza mi ciencia para darles la prudencia que precisan pa’ seguirlos”. 

Finalmente, quiero despedirme de ustedes, en primer lugar, rogándoles que lleven todo mi cariño a los compañeros de todas las regiones que ustedes representan y, además, agradecerles la concurrencia para dilucidar estos problemas tan importantes referidos a la conducción y encuadramiento del Movimiento; y que ahora, en cada una de las regiones argentinas donde el Justicialismo actúa, tanto en el gobierno como fuera de él, nos sometamos disciplinadamente a las necesidades de dar un ejemplo como gobernantes. 

No olvidemos que estamos en el gobierno, que tenemos una oposición tranquila en los sectores políticos, aviesa y enconada en los sectores que ocultamente trabajan contra nosotros, algunos de ellos dentro del propio Movimiento. Que son los más peligrosos, y otros fuera de él. A todos ellos debemos desenmascararlos. 

Y para combatir la capciosidad o el error, no hay nada mejor que exponer una verdad con toda la claridad necesaria, ya que la verdad suele hablar siempre sin artificios. 

Esa es la tarea que nos debemos imponer todos los peronistas. En cada una de las manifestaciones que se observan diariamente, hay un sector que trabaja subterráneamente contra nosotros en forma permanente. No le temo mucho a eso, porque han mentido tanto que el castigo es el natural, cuando digan la verdad no les van a creer. Y esto lo he comprobado en mi gran experiencia. En 1945, cuando comenzamos nuestra acción, teníamos todos los medios de comunicación en contra, y ganamos. En 1955, teníamos todos los medios a nuestro favor y nos echaron. En 1973 todos esos medios estaban otra vez contra nosotros y ganamos. 

De manera que hay una verdad que se abre paso entre la maraña de mentiras y simulaciones que se esgrimen. El estar con la verdad es estar con la realidad. En consecuencia, nosotros hemos luchado siempre por eso. Y cuando hube de abandonar el gobierno, a muchos que querían resistir, les dije: “nos vamos; si tenemos razón hemos de volver y si no, es mejor que no volvamos”. 

Compañeros: el tiempo nos ha dado la razón e indudablemente, porque la teníamos es porque sosteníamos la verdad que el tiempo, inexorablemente, ha hecho triunfar. 

Así creo que debemos conducir al Movimiento, pensando siempre en esa verdad y en esa razón, que no ha de faltarnos nunca si queremos triunfar a la larga, que es la única manera de triunfar. 

Compañeros: muchas gracias por estos felices momentos que ustedes me han dado de poderles hablar en vivo y en directo, como se dice ahora.

JUAN DOMINGO PERÓN

martes, 28 de marzo de 2023

Se cumplen 194 años del Combate de las Vizcacheras.

 



A principios de 1829 el consejo de ministros del general Lavalle inventó el sistema de las “clasificaciones”, o sea la lista de todos los adversarios conocidos de esa situación, y esto con el objeto de asegurar o desterrar a los federales más conspicuos, como lo verificó con Tomás Manuel, Nicolás y Juan José Anchorena, con García Zúñiga, Arana, Terrero, Dolz, Maza, Rosas, etc. etc. (1)


 


Entretanto la reacción armada estallaba en casi toda la República.  La Legislatura de Córdoba le confirió al gobernador Bustos “facultades extraordinarias”, y éste se aprestó a defenderse del ataque que se le anunciaba y era fácil prever.  El general Quiroga declaró públicamente que se dirigía a restaurar las autoridades de Buenos Aires, y levantó una fuerte división en Cuyo.  El gobernador Ibarra se dio la mano con el de Tucumán y formaron otro cuerpo de ejército para defenderse ambos.  El general López, gobernador de Santa Fe, le declaró al general Lavalle que no le reconocía como gobernador de Buenos Aires y que cortaba con él toda relación de provincia a provincia. (2)  En la campaña sur de Buenos Aires fuertes grupos de milicianos armados, buscaban su incorporación en los puntos que a jefes de su devoción indicaba Rosas desde Santa Fe,


 


El general Lavalle no tenía, como Rivadavia, ni la reputación de un político que sólo sabía actuar dentro del derecho y de la ley, ni la égida de un congreso como el de 1826 que hiciera triunfar en principio los ideales de la minoría, conteniendo –en brillante tregua para la libertad del pensamiento-, el empuje incontrastable de los pueblos y caudillos semibárbaros.  No; que por ser exclusivamente un soldado cuadrado lo habían reconocido como jefe visible los unitarios que circunscribían su política a abrir camino con el sable a la Constitución de 1826.  Con él conseguían lo que no consiguieron con Rivadavia; que ése era la primera personalidad entre ellos; la que descolló por su gran iniciativa, y la que por su virtud a todos se impuso en el momento solemne de su caída.  El órgano oficial de los unitarios de 1828 condensaba esa política escribiendo: “… Al argumento de que si son pocos los federales es falta de generosidad perseguirlos, y si son muchos, es peligroso irritarlos, nosotros decimos que, sean muchos o pocos, no es tiempo de emplear la dulzura, sino el palo… sangre y fuego en el campo de batalla, energía y firmeza en los papeles públicos… Palo, porque sólo el palo reduce a los que hacen causa común con los salvajes.  Palo, y de no los principios se quedan escritos y la Reública sin Constitución” (3)  Nadie en la República se hacía ilusiones a este respecto; y por esto la reacción contra los unitarios de 1828, -aun prescindiendo del fusilamiento del gobernador Manuel Dorrego- se manifestó más radical y más violenta que la que se había limitado a hacer el vacío a los poderes nacionales de 1826.


 


La lucha sobrevino desde luego.  El coronel Juan Manuel de Rosas, del campo de Navarro se había dirigido a Santa Fe e impuesto al gobernador López de la situación de Buenos Aires, asegurándole que el general Lavalle estaba reducido en la ciudad, y que toda la campaña le era hostil.  López pensó, y con razón, que lo primero que haría Lavalle sería irse sobre Santa Fe; y calculando que Rosas podría ser un poderoso antemural en Buenos Aires por su influencia decisiva en las campañas, de lo cual tenía pruebas recientes, reunió sus milicias, nombró a Rosas mayor general de su ejército y abrió su campaña contra Lavalle invadiendo a Buenos Aires por el norte.  “…Quedé obligado a usar de la autoridad de que estaba investido, -escribía Rosas, desde su retiro de Southampton, recordando esos sucesos- y me puse a las órdenes del señor general López, general en jefe nombrado por la Convención Nacional, para operar contra el ejército de línea amotinado”. (4)


 


Lavalle envió al general José María Paz, al frente de la segunda división del ejército republicano, para que sofocase en las provincias del interior la resistencia de los jefes arriba mencionados; y mientras éste iniciaba su cruzada en Córdoba, él se dirigía con 1.500 veteranos al encuentro de López y de Rosas, quienes engrosaban su ejército con grupos numerosos de milicianos armados.


 


El general Estanislao López, con ser que inició su carrera en el Regimiento de Granaderos a Caballo y se batió heroicamente en San Lorenzo a las órdenes de San martín, no era un militar de las condiciones del general Lavalle; pero podía competir dignamente con éste, y aun superarlo en la clase de guerra que se propuso hacerle.  Era la guerra del viejo y astuto caudillo, que no empeñaba combates serios, pero que fatigaba continuamente a su adversario, presentándole por todos lados grupos de caballería bien montada, mientras él se apoderaba de los recursos, y conseguía llevarlo más o menos debilitado hacia un punto donde le caía entonces con todas sus fuerzas.  Los veteranos de Lavalle se veían por primera vez impotentes ante la pericia y astucia de esos dos jefes de milicias que obtenían en las dilatadas llanuras la ventaja singular de destruir su ejército regular, sin aceptar combates, sin presentarlos tampoco y dueños de los recursos y de los arbitrios de que aquél no podía echar mano.


 


Con todo, Lavalle comprendió la táctica especial de sus adversarios.  Ayudado de algunos hacendados adictos pudo montar sus soldados en caballos selectos y obligar a López y a Rosas a los combates de Las Palmitas y de Las Vizcacheras


 


Las Vizcacheras


 


En el combate que tuvo lugar en Las Vizcacheras el 28 de marzo de 1829 se enfrentaron un contingente federal de aproximadamente 600 hombres y otro unitario, de número similar.  A Las Vizcacheras hay que situarla en ese marco.  Las tropas leales a Lavalle –el fusilador de Dorrego- eran comandadas por Rauch, quien marchaba al frente de sus Húsares de Plata y contaba con otras unidades.  Del lado federal participó Prudencio Arnold, quien más tarde llegó al grado de coronel.  Cuenta en su libro “Un soldado argentino”, que Rauch les venía pisando los talones, con la ventaja de comandar tropas veteranas de la guerra del Brasil.  Los federales llegaron a Las Vizcacheras casi al mismo tiempo que un nutrido contingente de pu kona, que combatirían a su lado.  Dice Arnold: “en tales circunstancias el enemigo se avistó.  Sin tiempo que perder, formamos nuestra línea de combate de la manera siguiente: los escuadrones Sosa y Lorea formaron nuestra ala derecha, llevando de flanqueadores a los indios de Nicasio; los escuadrones Miranda y Blandengues el ala izquierda y como flanqueadores a los indios de Mariano; el escuadrón González y milicianos de la Guardia del Monte al centro, donde yo formé”. Arnold no brinda más datos sobre los lonko que guiaban a los peñi salvo que Nicasio llevaba como apellido cristiano Maciel, “valiente cacique que murió después de Caseros”.



Rotas las hostilidades, Rauch arrolló el centro de los federales y se empeñó a fondo –siempre según el relato de su adversario- sin percibir que sus dos alas eran derrotadas. Se distrajo y comenzó a saborear su triunfo pero pronto se vio rodeado de efectivos a los que supuso suyos.  Hay que recordar que por entonces, los federales sólo se diferenciaban de los unitarios por un cintillo que llevaban en sus sombreros, el que decía “Viva la federación”.  Anotó su rival: “cuando estuvo dentro de nosotros, reconoció que eran sus enemigos apercibiéndose recién del peligro que lo rodeaba. Trató de escapar defendiéndose con bizarría; pero los perseguidores le salieron al encuentro, cada vez en mayor número, deslizándose por los pajonales, hasta que el cabo de Blandengues, Manuel Andrada le boleó el caballo y el indio Nicasio lo ultimó… Así acabó su existencia el coronel Rauch, víctima de su propia torpeza militar”.  A raíz de su acción, Andrada fue ascendido a alférez.


 


Parte de la batalla


 


Informe del coronel Anacleto Medina al señor Inspector General coronel Blas Pico: “Chascomús, Marzo 29 de 1829 – El coronel que suscribe pone en conocimiento del Señor Inspector General, jefe del estado mayor, que habiéndose reunido en el punto de Siasgo al señor coronel Rauch, en virtud de órdenes que tenía, marchó toda la fuerza en persecución de los bandidos que habían invadido el pueblo de Monte, y ayer a las 2 de la tarde fueron alcanzados, como cuatro leguas de la estancia de los Cerrillos, del otro lado del Salado, en el lugar llamado de las Vizcachas.  Una y otra división se encontraron, y, cargándose, resultó flanqueada la nuestra por los indios, que ocupaban los dos costados del enemigo.  Después del choque, cedió nuestra tropa a la superioridad que, en doble número, tenía aquél, y se dispersó a distintos rumbos; ignorando el que firma cuál habrá seguido el comandante general del Norte.  Se me ha incorporado parte del regimiento de húsares con todos sus jefes, hallándose heridos el comandante Melián, el ayudante Schefer y el teniente Castro del regimiento 4.  El señor coronel D. Nicolás Medina se infiere que es muerto; y no será posible detallar la pérdida que habrá resultado, por no saber si se ha reunido por otro rumbo a otro jefe.  La pérdida del enemigo debe ser bastante.  Me he replegado a este punto con 72 húsares y 48 coraceros del 4. En él pienso permanecer, y defender esta población, que tengo probabilidad de que va a ser atacada, y se halla en gran compromiso el vecindario que se declaró por el orden.


 


El que suscribe saluda al Señor Inspector con su acostumbrada consideración.  Anacleto Medina”.


 


Referencias


 


(1) Véase Memorias póstumas del general Paz, Tomo II, página 345.  El general Paz era ministro de la guerra bajo ese gobierno del general Lavalle.


(2) Las notas de esta referencia se publicaron en Córdoba y posteriormente en El Archivo Americano.  Véase el Buenos Aires cautiva y La nación Argentina decapitada a nombre y por orden del nuevo Catalina Juan Lavalle (1829), que redacta en Santa Fe el padre Castañeda.


(3 )Carta del 22 de setiembre de 1869 (duplicado en el archivo de Adolfo Saldías).


(4) Carta del 22 de setiembre de 1869 (duplicado en el archivo de Adolfo Saldías).


 


Fuente


Benencia, Julio Arturo – Partes de batallas de las Guerras Civiles (1822-1840) – Acad. Nacional de la Historia – Buenos Aires (1976).


Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado.


Moyano, Adrián – El ajusticiamiento del Coronel Rauch en Las Vizcacheras.


Portal www.revisionistas.com.ar


Saldías, Adolfo – Historia de la Confederación Argentina – Ed. El Ateneo – Buenos Aires (1951).

jueves, 14 de octubre de 2021

Se cumplen 162 años del Combate de Martín García

 




El combate de Martín García, librado el 14 de octubre de 1859 en aguas de esa isla del Río de la Plata, enfrentó a las escuadras de la Confederación Argentina y del Estado de Buenos Aires en el marco de la guerra provocada por el desconocimiento del gobierno porteño de las autoridades nacionales.



Al reiniciarse el conflicto el gobierno rebelde reforzó rápidamente su escuadra y bloqueó la capital nacional, Paraná impidiendo el cruce del ejército de Justo José de Urquiza pero tras la Sublevación del Pinto a comienzos de julio la situación se revirtió y los restos de la escuadra al mando de Antonio Susini permanecieron estacionada en San Nicolás de los Arroyos haciendo frente al ahora enemigo vapor Pinto que dominaba aguas arriba.


Mientras, la Confederación terminaba de armar una nueva escuadra en Montevideo con buques adquiridos en esa plaza y en Río de Janeiro a pesar de las protestas de Buenos Aires por lo que consideraban una infracción a la neutralidad, argumento desechado por los gobiernos vecinos que no daban entidad a la provincia rebelde.


Como demostración de fuerza, entre el 10 y el 12 de agosto buques de la escuadra nacional al mando de Mariano Cordero efectuaron incursiones en la rada misma del puerto de Buenos Aires apresando al pontón Castelli, que fue llevado a Colonia del Sacramento, y entre el 22 y el 26 la escuadra de Susini se presentó frente a Colonia, donde represó al Castelli, y Montevideo para devolver la provocación.


En septiembre y octubre se produjeron intercambios de artillería frente a Rosario con las tropas y buques de Urquiza que finalizaban su despliegue y un bombardeo de la ciudad por parte de 6 buques rebeldes, entre ellos el Constitución (Luis Py), 25 de Mayo (Diego Pedraza), Rio Bamba y Buenos Aires, que causó algunos daños en el centro de la población.


Mientras Susini permanecía con el grueso de la escuadra porteña en aguas de Rosario, finalizaban los preparativos de la escuadra alistada en Montevideo que al mediodía del 12 de octubre de 1859 zarpaba aguas arriba rumbo al río Paraná transportando también un importante cargamento de cañones, municiones y pertrechos.


El 14 de octubre de 1859 la escuadra nacional al mando de Mariano Cordero enfrentaba el paso de la isla de Martín García, dominada por Buenos Aires.


La escuadra nacional estaba compuesta de los vapores Salto, insignia, al mando directo de Santiago Baudrix (2 de a 32 y 2 de a 12), Hércules (Bartolomé Cordero, 5 cañones de avancarga de a 32), Pampero (Santiago Maurice, 11 cañones) y Menay (Julio Fonrouge), la barca Concepción (Augusto Liliedal) y la goleta Argos (Dionisio Invierno), estos dos últimos remolcados por los vapores.


La isla estaba ocupada por tropas al mando del coronel Martín Arenas secundado por el sargento mayor José Jauregui y defendida por cuatro baterías de moderna artillería, nombradas Arena, Lavalle, Constitución y Buenos Aires con un total de 17 bocas de fuego. A otro lado del canal se desplegaron los buques porteños, los patachos San Nicolás (Mariano Clavelli, 1 cañón de a 12) y Yeruá (ex Rápido) (José María Manzano, 5 cañones) y el recuperado pontón Castelli (Plácido Goldriz, 14 cañones).


Mientras el Salto con la Concepción a remolque y el Hércules enfrentaban las baterías, los restantes buques se dirigieron contra las naves enemigas.


El Pampero espoloneó de popa al Yeruá abriéndole un rumbo y estuvo a punto de abordarlo pero el intenso fuego lo forzó a separarse con gran número de bajas, entre ellas su comandante Maurice que perdió la vida.


Frente a las baterías, ya próximos a salir de la línea de fuego, una bala cortó el remolque de la Concepción. El Hércules consiguió tomarlo pero otra bala cortó la cadena del timón, dejándolo sin gobierno, y los disparos hirieron a Bartolomé Cordero, pese a lo cual consiguió mantener el rumbo con la barca hasta salir del alcance de las baterías. El Salto también sufrió bajas, entre ellas el capitán Enrique Victorica, ayudante de órdenes de Mariano Cordero, quien resultó herido.


Tras dos horas la escuadra nacional había conseguido forzar el paso exitosamente. Las pérdidas de la Confederación eran de 24 hombres y averías de escasa importancia, mientras que las de Buenos Aires ascendían a 26 (8 muertos y 18 heridos), casi todos del Yeruá.


La división de la Confederación siguió río arriba y tras seguir por el brazo del Ibicuy para eludir a la escuadra de Susini que cerraba el paso de Carbonell, salió al Paraná y consiguió arribar sin contratiempos a Rosario, dando el dominio del río a la Confederación.




jueves, 17 de octubre de 2019

Hace 67 años Perón le hablaba a su Pueblo





Día de la Lealtad - Plaza de Mayo
17 de Octubre de 1952

Compañeros:
Yo deseo que mis primeras palabras sean para rendirle, desde lo más profundo de nuestros corazones, un homenaje sincero y argentino al excelentísimo señor presidente Somoza, que nos acompaña. Rendimos en él el homenaje más caro de nuestros corazones al hermano pueblo de NIcaragua y a su hermosa patria, recordando asimismo al inmortal Rubén Darío, que vivió con nosotros largos años y que representa el elevado idealismo de esa patria generosa que, aún lejana en el espacio, está muy cercana en nuestro corazón.
Quiero también agradecer a los compañeros de la CGT que, en nombre de sus seis millones de afiliados, han tenido la amabilidad de colocarme sobre el pecho esta banda argentina que, por provenir de los trabajadores de la patria, representa para mí la más honrosa, la más digna y la más alta distinción de que pueda ser objeto un gobernante. Y como de costumbre, deseo, desde esta plaza, en la cual reviven todos los momentos de nuestra vida histórica e institucional, hacer llegar a todas las plazas de la República, donde en este momento están reunidos nuestros compañeros para escuchar las palabras que les dirigimos desde aquí, este saludo que yo les hago llegar con el más apretado y sincero abrazo de compañero y de hermano.
Y como en todos los 17 de Octubre, quiero desde este balcón dar cuenta al pueblo, sintéticamente, de cómo marcha nuestro gobierno. Compañeros: hemos seguido, desde 1944 hasta nuestros días, una línea inquebrantable de conducta determinada por los objetivos de nuestra doctrina.
El primer Plan Quinquenal fue obra extraordinaria
El primer Plan Quinquenal ha realizado, como ustedes conocen, una obra extraordinaria en todos los órdenes, pero para mí la más satisfactoria es el haber afirmado en esta tierra de todos mis amores la Justicia Social, la Independencia Económica y la Soberanía de la Nación.
Ese primer Plan Quinquenal, que afirmó esas banderas en las astas inmortales de nuestra historia, dio también al pueblo argentino un grado de bienestar no alcanzado jamás en nuestra historia, y dio, por sobre todas las cosas, un grado de dignidad sin el cual la vida no merece ser vivida.
Hemos iniciado con el año 1953 nuestro segundo Plan Quinquenal. Los objetivos de ese Plan se afirman también en las banderas ya izadas y consolidadas de nuestra Justicia, de nuestra Independencia y de nuestra Soberanía. Tiende el mismo a completar el ciclo que nos asegure, en su orden general, una economía integralmente satisfactoria.
El camino de la riqueza y el engrandecimiento
Yo, al contrario de lo que pensaron muchos economistas argentinos, pienso que no nos podemos conformar con ser un pueblo de pastores y de agricultores, aunque nos llamen la panera del mundo, como se ha dicho muchas veces. Es por eso que el Segundo Plan Quinquenal, al cristalizar los objetivos totales y definitivos de nuestro esfuerzo social, económico y político, da orden de preferencia a todas las realizaciones industriales. Queremos ayudar a esa inmensa masa campesina, que con sudor de todos los días ha mantenido durante un siglo y medio en pie la argentinidad y el trabajo argentino, con el esfuerzo de las masas urbanas destinado a la transformación de la materia prima y a la distribución de la riqueza, para que, establecido el ciclo integral de la República pueda retomar silenciosa y dignamente el camino de su riqueza y de su engrandecimiento.
Para ello necesitamos solamente dos cosas: organización y trabajo. La organización es tarea del gobierno, y ustedes saben con qué ritmo la estamos realizando. En cuanto al trabajo, yo sé que los brazos generosos de los trabajadores argentinos están pidiendo actividades para producir; que en sus pechos honrados late un incontenible deseo de lucha y de trabajar para engrandecer a la Patria.
Si en el primer Plan Quinquenal, conseguimos elevar el standard de vida a un grado de satisfacción y de dignidad nacional, en el segundo Plan Quinquenal ese standard de vida ha de elevarse todavía muy considerablemente. Yo, como Presidente de la República, no estoy todavía satisfecho con el standard de vida general alcanzado por el pueblo argentino. Podemos llegar a mucho más. Para ello, solamente necesitamos las dos cosas que acabo de mencionar: organizarnos y trabajar incansablemente para lograrlo.
El trabajo, compañeros, como yo lo veo es poner en acción todos nuestros capitales y todos nuestros esfuerzos. Ello ha de lograrse con el cumplimiento de nuestros objetivos. Y desde ya descarto el éxito porque el pueblo argentino, con su grandeza extraordinaria me ha hecho optimista y me ha hecho entrever, que así como en el Primer Plan Quinquenal sobrepasamos todos los objetivos trazados -que habían sido calificados de ambiciosos- en el Segundo Plan Quinquenal hemos de sobrepasar también todos esos objetivos.
Nosotros queremos una cultura para el pueblo
A la par de todas estas realizaciones de orden material, estamos también empeñados en promover la reforma cultural y la reforma educacional de la comunidad argentina. Queremos que en el orden de la cultura los grandes valores que esa cultura promueva, trascienda al pueblo. Nosotros no concebimos una comunidad donde haya veinte o treinta sabios muy sabios y muchos millones de ignorantes muy ignorantes; nosotros queremos una cultura para el pueblo, nosotros queremos que esa cultura esté al alcance de todos los hombres de este pueblo para que así cada uno pueda ser el artífice de su propio destino. Hemos de promover esa reforma, y en cuanto a las ciencias, a las artes, y a la cultura en general, cada argentino tendrá también en su mochila el bastón de mariscal prometido.
Yo he de empeñarme en esta reforma con la misma decisión, con la misma perseverancia con que me empeñé en la reforma social en 1944. Y estoy seguro de que, con la ayuda de ustedes, hemos de triunfar. En cuanto a la política interna, ustedes saben tan bien como yo, cuáles son los progresos que en ese orden hemos realizado en la República. Después de diez años de lucha frente a la incomprensión, frente a la mala fe, frente a la lucha despiadada desde todos los rincones de esta tierra, comenzamos a llegar a la época de la persuasión definitiva. Yo nunca me he hecho ilusiones de convencer simultáneamente a todos los argentinos; pero, gracias a Dios, estoy viendo hoy que todas las legiones de los hombres de esta tierra comienzan a marchar en la misma dirección, y esa es para mi la victoria decisiva de mi patriotismo y de mi misión. Como sucede después de todas las luchas, comenzamos, la tarea de apaciguamiento. He dicho, y repito en este venturoso 17 de Octubre, que ningún adversario ni enemigo que quede entre nuestros hombres nos tenderá su mano sin encontrar la mano generosa del peronista para asirse a ella.
Que la lucha sea para la grandeza de la Nación
Nosotros, he repetido muchas veces, somos hombres de paz y de trabajo; sin embargo nos atrae la lucha, pero queremos que esa lucha sea para la grandeza de la Nación y el destino común de los argentinos. Ahí, en esa lucha queremos quemar toda nuestra energía y toda nuestra vida, si es preciso.
Compañeros: el cuadro que en síntesis podría ofrecer en todas las actividades económicas y políticas del orden interno de la República, nos está mostrando una situación que, en plena consolidación, puede ofrecer a los argentinos la seguridad, la tranquilidad y la dignidad con que deben vivir los hombres en una comunidad organizada. Y yo estoy persuadido que en el futuro, esa seguridad, esa tranquilidad y esa dignidad han de ir creciendo a la sombra de nuestra buena fe, de nuestro patriotismo, de nuestro trabajo y de nuestra buena voluntad.
Gesto de Eisenhower que le honra y le enaltece
En el orden internacional doy gracias a Dios, de que haya permitido en este año estrechar nuestras relaciones con todos los pueblos de la tierra. Un pequeño diferendo, más de forma que de fondo, que existía con los EEUU y la República Argentina ha sido total y absolutamente solucionado y en ello haciendo la justicia a que tengo el deber, debo exaltar la ilustre personalidad del General Eisenhower, presidente de los Estados Unidos, quien, con un gesto que le honra y le enaltece, mandó a su propio hermano para zanjar todas las dificultades que pudieran existir con la Argentina.
Yo soy el más feliz de los hombres al haber podido realizar este acto que nos une sin reservas mentales a todos los pueblos hermanos de América.
Compañeros: Las verdades del Justicialismo, como toda nuestra doctrina, pueden confrontarse con nuestras realidades en el orden internacional. Somos lo suficientemente idealistas como para entender que la realidad constituye el supremo ideal. Los pueblos, como los hombres, no han podido aprender la ciencia oculta de vivir soñando; viven de realidades. Y los mejores sueños son los que se cumplen. Por eso, como en el año 1943, yo repito al pueblo: "Mejor que decir es hacer, y mejor que prometer es realizar". Por eso nosotros, con la dignidad nacional, que es la suma de las dignidades individuales que llevamos en el corazón podemos decir que en este 17 de Octubre de nuestras luchas y de nuestras glorias, el Movimiento Peronista, el gobierno peronista y ese maravilloso pueblo peronista, vienen cumpliendo estas verdades de nuestra doctrina política internacional, desde el primer día en que el sol nos encontró madrugando en el gobierno por la felicidad y la grandeza de una Nueva Argentina, Justa, Libre y Soberana.
En este año del calendario peronista, que va desde el 17 de Octubre de 1952 a este nuevo 17 de Octubre, el mundo entero ha sido testigo de nuestra posición internacional clara y definida. No podíamos equivocarnos. Se equivocan los gobiernos que no cumplen la voluntad de sus pueblos. Y no nos equivocamos, porque yo he jurado ante mi propia conciencia no hacer sino lo que mi pueblo quiera.
Consulta al pueblo y entusiasta respuesta
Yo he dicho, por ejemplo, que nosotros trabajamos, primero para la República Argentina, después para el continente americano, y luego para los otros pueblos de la Tierra. Y lo he dicho porque eso es lo que quiere mi pueblo. ¿Si o no? - La muchedumbre contesta: ¡Sí!
Yo he dicho también, que los argentinos no pelearemos jamás fuera de la República Argentina, pero que el que se anime a poner un pie en nuestra tierra, cuando ponga el segundo, encontrará 18 millones de argentinos dispuestos a morir por la defensa total de nuestra Patria. Y yo lo he dicho porque eso, eso es lo que quiere mi pueblo. ¿Si o no? -¡Sí!.
Yo he dicho infinitas veces que estábamos en contra de todo imperialismo. Y ahora me alegro de que el presidente de los Estados Unidos, el general Eisenhower, condene con nosotros toda política internacional imperialista. Eso es lo que quiere el pueblo argentino para todos los pueblos de la tierra ¿Si o no? - ¡Sí!.
Yo he declarado también que no somos enemigos de ningún pueblo de la tierra, puesto que todos merecen nuestro respeto y pueden hacer lo que quieran dentro de sus fronteras. Y lo he dicho porque eso es lo que quiere el pueblo ¿Si o no?. - ¡Sí!.
¿Quiere o no el pueblo argentino que seamos amigos de todos los pueblos de la humanidad? ¿Si o no? - ¡Sí!.
¿Quiere o no quiere el pueblo argentino que ayudemos a que se realice la unión de todos los pueblos americanos? - ¡Sí!.
Por eso fui a Chile, y el pueblo chileno, con el inmenso cariño de su corazón, me hizo pensar que la República Argentina y el pueblo argentino tienen que cumplir con los designios del Gran Capitán, luchando incansablemente por la libertad americana. Por eso, a mi regreso de Chile, proclamé el decálogo de la unión entre los pueblos hermanos y este maravilloso pueblo argentino. ¿Es o no es lo que quiere el pueblo argentino? - ¡Sí!.
El pueblo del Paraguay merece nuestro cariño
Por eso fui también al Paraguay, y allí sentí palpar emocionado el corazón de América, interpretado por un gobierno humilde que sirve a un pueblo cuya humildad impone el respeto que merecen los grandes pueblos.
El pueblo de Paraguay merece nuestra más alta consideración y todo nuestro cariño. No ambiciona más de lo que posee y por eso no ha pedido nada a cambio de nuestra amistad leal y honrada. Por eso yo pido al pueblo argentino que cumpla con los paraguayos un decálogo similar al que nos une con el pueblo chileno por sobre las nieves eternas de los Andes, pese a los egoísmos mezquinos de los hombres mediocres que oponen sus intereses personales a los altos, eternos e irrevocables ideales de los pueblos.
En homenaje al pueblo paraguayo yo deseo reiterar en este día solemne de nuestra historia, el contenido sumario y sustancial de aquel decálogo y lo propongo al pueblo argentino como principio para la unión definitiva entre los paraguayos y los argentinos.
A continuación el Señor Presidente da lectura al Decálogo como "principio para la unión definitiva y eterna entre los pueblos paraguayo y argentino":
1) Cada argentino debe saber que el pueblo paraguayo y el pueblo argentino, conservando la plenitud de sus soberanías nacionales, son real y efectivamente pueblos hermanos y, en consecuencia, todos los argentinos debemos trabajar por la grandeza del Paraguay y por la felicidad de su pueblo, con la misma fe y el mismo amor con que trabajamos por nuestra propia grandeza y por nuestra propia felicidad.
2) Desde hoy los paraguayos serán compatriotas de todos los argentinos. Esta debe ser una consigna de honor nacional.
3) Cada uno de nosotros debe comprometerse a trabajar en su puesto por el acercamiento espiritual y material de los pueblos paraguayos y argentino.
4) El gobierno, el Estado y el pueblo argentino arbitrarán todos los recursos y medios que ayuden al Paraguay a consolidar la Justicia Social, la Independencia económica y la Soberanía política, del mismo modo que luchamos por las nuestras, puesto que ellas son las únicas bases de la unión comprometida.
5) La unión del pueblo paraguayo con el pueblo argentino no excluye futuras adhesiones de ningún pueblo americano sobre las mismas bases. Cada argentino debe saber que ésta es una acción constructiva, que no tiene finalidades ofensivas, que no está dirigida contra nadie y que tiene como único objetivo la grandeza y felicidad de los pueblos que la componen o compongan en el futuro.
6) Las organizaciones sociales, económicas y políticas del pueblo argentino habrán de promover la máxima vinculación posible con sus similares del pueblo paraguayo, a fin de realizar una acción armónica y solidaria para alcanzar los grandes objetivos comunes. El gobierno argentino prestará su más amplio apoyo a estas vinculaciones entre los pueblos hermanos.
7) La legislación general argentina deberá contribuir a facilitar la unión de los pueblos paraguayo y argentino.
8) Los organismos del gobierno y del Estado nacionales, provinciales y territoriales, particularmente en las zonas limítrofes con la hermana República de Paraguay, coordinarán su acción con sus similares paraguayos sobre las bases de real y sincera lealtad.
9) Todo acto contrario a los grandes objetivos comunes e intereses de la unión entre el pueblo del Paraguay y el pueblo argentino será considerado por nosotros como una falta de honor en relación con el compromiso contraído.
10) El pueblo del Paraguay y el pueblo argentino son los depositarios absolutos de esta unión definitiva, que ponemos bajo la protección de Dios, fuente de todo amor y de toda Justicia, de toda libertad, pidiéndole humildemente que no sea jamás violada ni destruida por los malvados e hipócritas intereses egoístas y mezquinos, sino que, por el contrario, sea permanente y eterna como la humildad de nuestros pueblos.
Y ahora deseo transmitir a todos los compañeros de la Patria ese saludo afectuoso de todos los años, invitándolos a que me acompañen a dar estos vivas: ¡Viva la República de Nicaragua! ¡Viva el General Somoza! ¡Viva la República del Paraguay! ¡Viva la Patria!