Movimiento 4 de junio

El movimiento 4 de junio fue creado para mantener viva la memoria y vigentes los ideales de aquellos revolucionarios que en 1943 empezaron a escribir la historia mas fecunda de la República Argentina, desalojando del poder a quienes llevaron a la Nación a la pobreza y a la entrega.
¡QUE VIVA POR SIEMPRE LA REVOLUCIÓN DEL 4 DE JUNIO DE 1943!

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lunes, 2 de diciembre de 2024

A 60 años del mensaje de Perón luego de ser impedido de poder volver a su Patria.

 



Carta a los Compañeros Peronistas 2 de diciembre de 1964


Escrito por Juan Domingo Perón. 


A LOS COMPAÑEROS PERONISTAS


Río de Janeiro, 2 de diciembre de 1964.


El gobierno cipayo de este país ha frustrado mi primer intento de cumplir mi promesa de regresar al país. Una verdadera conspiración internacional dirigida y orquestada por los imperialismos dominantes con el concurso de los países en manos de usurpadores entregados y entregadores de sus pueblos, ha pedido en esta ocasión más que la razón que nos asiste.


El "Plan para el Retorno", como oportunamente lo habíamos anunciado, es de pacificación hasta el 31 de diciembre, plazo que habíamos establecido para que los enemigos del Pueblo entraran en razón.Hace ocho meses el "Gobierno" por su "Justicia" pedía mi extradicción al Gobierno de España sin éxito. Poco después el Presidente Illía manifestaba que "el regreso del General Perón era solo cuestión del señor Perón. Hace dos días el Ministro de Relaciones Exteriores afirmaba que "si Perón regresaba al país sería detenido de inmediato". Frente a todo ello, yo decidí entrar en el país, para enfrentar esa situación y soy detenido en Río de Janeiro por los secuaces del imperialismo y del "Gobierno Argentino".


En esas condiciones, la respuesta de nuestros enemigos al ofrecimiento de paz y al intento mío de entrar en el país para lograrla, es la guerra. La responsabilidad de lo que ha de ocurrir en el futuro recaerá sobre ellos como así las consecuencias.


El comportamiento de los compañeros que integran la "Comisión Nacional por el Retorno de Perón" está más allá de toda ponderación desde que lo han expuesto todo con la mayor decisión y valor en los duros momentos que juntos hemos debido afrontar.


La inteligente preparación y ejecución de la "Operación Retomo" realizadas por estos compañeros, con gran espíritu de sacrificio, me persuade de la necesidad de confiarles la conducción total de las operaciones que, por designio de nuestros enemigos, se iniciará de inmediato.


La hubiera querido conducir personalmente con la ayuda de ellos, pero la imposibilidad momentánea de entrar a la Patria me lo impide. Por ser una guerra se impone que la disciplina sea su característica más saliente en lo orgánico y funcional. Ya nadie tiene otro saber que el de obedecer y de cooperar. Se terminó el tiempo de opinar en disidencias; comienza la etapa de luchar disciplinadamente, cada uno en su puesto. Al que no esté de acuerdo con ésto es mejor que se aparte. La conducción tiene como su exigencia más funamental la disciplina y sin ella no hay lucha posible. Esta es etapa de mando y el mando se ejerce sin limitaciones derrotistas. El que no desee someterse a esta perentoria necesidad tiene el derecho a desertar pero no a perturbar.


En cuanto a la acción, se acabaron las contemplaciones. Hay que comenzar la guerra integral por todos los medios, en todo lugar y en todo momento. Alejado momentáneamente de esa lucha por imperio de las circunstancias estudiaré mi accionar futuro. Hasta entonces no habrá otro comando que el que antes indico para el cual pido a todos los compañeros, en nombre del futuro de nuestro Movimiento y de la liberación del Pueblo y de la Patria, su más amplia y leal subordi­nación y colaboración.


Mi larga experiencia política y mis conocimientos de los hombres y la conducción me capacitan como para poderos aconsejar al respecto. Los compañeros que forman la actual "Comisión Nacional" han sido amplia y profundamente analizados en su capacitación, como probados en la forma más fehaciente en su lealtad y sinceridad, por lo que me decido a delegar en ellos el mando, en la seguridad de que con ello aseguro nuestro porvenir y el de nuestro Pueblo.


En la lucha es donde yo he aprendido a conocer a los hombres que realmente valen. Nuestra juventud debe hacerme caso porque no me equivoco. Los jóvenes deben poner el impulso y los viejos debemos elegir la dirección. Ese mismo equilibrio ha sido logrado en los hombres de la conducción.


Hasta que yo esté en la Patria para luchar al lado de Ustedes, ellos dirán mi palabra.


Un gran abrazo.


Firmado: Juan Perón.


jueves, 28 de noviembre de 2024

Se cumplen 66 años de estas líneas escritas por Juan Perón: "En este momento, si el Peronismo, aún con el nombre de Justicialismo, tratara de evolucionar hacia la formación de un "Partido Clasista" cometería un error porque concitaría la oposición de grandes sectores de las otras clases que nos son afectas y que pueden servir cualitativamente a nuestra causa. "

 



Carta al Sr. R.J.A. 28 de noviembre de 1958 


Escrito por Juan Domingo Perón. 


Ciudad Trujillo, 28 de noviembre de 1958.


Al Sr. R.J.A. Buenos Aires


Mi querido amigo:


Contesto sus cartas del 10 y 13 de noviembre pasado y le agradezco su recuerdo y sus valiosas informaciones que completan el cuadro de las que me llegan por otros conductos y me permiten integrar la situación general y conocer otros puntos de vista muy interesantes, por lo que le pido que me siga remitiendo su correspondencia en la forma que lo ha hecho hasta ahora. Tratándose de Usted, con quien venimos trabajando hace tantos años, la información me resulta doblemente valiosa porque yo sé de su sinceridad, lealtad al Justicialismo y honradez.


Yo sé que, como me dice Usted, los compañeros dirigentes gremiales son una absoluta garantía de honestidad de propósitos y de lealtad a los principios que forman nuestra doctrina y alimentan nuestra lucha. La experiencia de muchos años me demuestra esas virtudes en los companeros y mi invariable conducta hacia la orientación sindicalista durante toda mi gestión de Gobierno demuestra mi consecuencia hacia los mismos principios que éllos sustentan. Muchas veces les he dicho públicamente a los dirigentes sindicales reunidos en la C.G.T. y en otros lugares que el Justicialismo tendía al "Estado Sindicalista" como objetivo final y que, las formas adoptadas por el Movimiento Peronista estaban destinadas a realizar la metamorfosis paulatina sin caer en demasías inútiles y sin provocar transiciones violentas. La composición de nuestro Gobierno y de nuestro Parlamento, su evolución hacia formas cada vez más sindicales y menos políticas; a la preponderancia efectiva de la Central Obrera dentro de las Instituciones nacionales y la agremiación integral que comprendía a las fuerzas del trabajo, patronales de la producción, la industria y el comercio, los profesionales, universitarios estudiantes, etc., como asimismo la tendencia constitucional impresa en la Constitución de 1949 y, en especial, la de las provincias del Chaco (General Perón), La Pampa (Eva Perón) y otras, iban dando a la evolución el tinte paulatino sindicalista, sin recurrir a las formas bruscas. Es indudable que el país aún no se encontraba y no se encuentra en condiciones de introducir una reforma integral hacia el "Estado Sindical", porque subsisten aún, con preponderancia, las formaciones políticas, máxime con el triunfo momentáneo de la reacción en la revolución asesina de 1955 y el Gobierno que le ha sucedido en manos de otro sector de la misma reacción.


En este momento, si el Peronismo, aún con el nombre de Justicialismo, tratara de evolucionar hacia la formación de un "Partido Clasista" cometería un error porque concitaría la oposición de grandes sectores de las otras clases que nos son afectas y que pueden servir cualitativamente a nuestra causa. El Proceso debe ser paulatino y formativo: hay que sindicalizar en gran escala para que, sin distingo de las actuales clases, ser vaya imperceptiblemente llegando al sindicalismo integral, después de lo cual el "Estado Sindicalista" será un hecho que se ha producido sin necesidad de encender una lucha peligrosa. Los hechos que se han producido en 1955 y que se están produciendo en nuestros días, demuestran de una manera elocuente que es menester andar, en esta cuestión con una prudencia absoluta, tratando de hacer sin agitar un fantasma que, por desconocido, resulta muchas veces mal apreciado.


Por esas razones y muchas otras que sería largo enumerar, creo que en la organización de nuestras actuales fuerzas gremiales y políticas, debemos actuar con gran tacto e inteligencia, realizando una tarea eficaz en la unificación de propósitos, manteniendo una absoluta unidad de acción en la lucha a través de una comprensión que asegure una colaboración y cooperación entre las distintas fuerzas que conforman cualitativa y cuantitativamente a nuestro Movimiento.


No se me escapa que nuestra principal fuerza actual radica en las organizaciones sindicales, ni dejo de comprender que el mayor aporte peronista proviene de la clase trabajadora y sus organizaciones sindicales, ni dejo de entender la influencia preponderante que los dirigentes sindicales ejercen en ese aporte, pero si nosotros nos desviáramos ahora hacia un partido clasista, enfrentaríamos a esas fuerzas con las políticas inútilmente, en un momento en que es necesario sumar y no dividir. La forma de realizar la metamorfosis de que antes hablé es, precisamente, la inversa: trabajar unidas y solidarias las fuerzas gremiales y políticas peronistas esperando que el tiempo', las circunstancias y la evolución natural realicen el milagro. Contando con buenos dirigentes sindicales, con una inmensa masa de trabajadores, con excelentes organizaciones gremiales, con una doctrina encaminada hacia los fines sindicalistas, ¿qué se puede temer de que las cosas no se realicen solas como preveemos?


Precisamente la reacción se ha dado cuenta del peligro que para ella representa el "Estado Sindicalista" y trata por todos los medios de evitarlo, recurriendo a dividir a la clase trabajadora y sus organizaciones sindicales, ayudando para ello a los amarillos y aun a los comunistas, con la intención de formar, como sucede en muchos países, varias centrales obreras y diversos sindicatos en cada especialidad. Frondizi ya ha dado evidentes muestras de esta orientación y ha demostrado en su acción corruptora e insidiosa que trata de separar el Peronismo de las organizaciones sindicales peronistas, sin éxito hasta ahora, pero la intención está a la vista. Cualquier indicio que nosotros demos hacia la orientación clasista será favorable a estos intentos frondizistas de la reacción. Creo que lo más prudente, en los momentos actuales, es proceder a realizar sin aparecer, llegando a un absoluto acuerdo entre las organizaciones sindicales peronistas y el Consejo Coordinador del Peronismo en forma que, aun manteniendo separadas ambas conducciones y direcciones, se proceda a un absoluto y solidaridad. Divididos en la forma y unidos en el fondo.


En caso alguno se debe dar al Gobierno la oportunidad de tratar con éxito de dividir a los peronistas sean éstos del campo político como sindical. Para ello debe existir una absoluta unidad de propósitos y de acción en todas nuestras fuerzas y, cuando incidentalmente debe tratarse con el Gobierno, es necesario antes acordar mutuamente la conducta a seguir para evitar después discrepancias y fricciones que tiendan a la división. Vale más en ésto la solidaridad de las fuerzas que cualquier ventaja real o aparente que pudiera obtenerse a costa de un perjuicio a la acción coordinada y de conjunto. No es momento ahora de dilucidar las preeminencias ni las supremacías, sino de enfrentar a un enemigo que parece decidido a retornar a la orientación gorila, que ha consistido en buscar la destrucción del Justicialismo y en aplastar a la clase trabajadora. Si ambos caemos en la amenaza de destrucción por una misma acción gubernamental, nada más lógico que Peronistas ya sea del campo político como sindical nos unamos férreamente para enfrentar tan injustas como peligrosas amenazas.


En la carta que dirigí a "las 62" y a la "C.G.T." les decía lo mismo y, en tal sentido, he hecho llegar al Consejo Coordinador las mismas instrucciones. Tanto en el Comando Táctico como en la Delegación que le sucedió esta unidad estaba asegurada, lástima grande que las deficiencias de la conducción táctica me hayan obligado a reemplazar estos organismos. Lo he hecho porque era imprescindible y porque, en cada circunstancia, no había otra solución. El Comando Táctico no sólo desobedeció las directivas del Comando Superior sino que ocultó esas directivas, cambiando en absoluto la idea estratégica, en abierta violación de su misión y esfera de acción. La Delegación iba por el mismo camino y continuó ocultando las directivas y cambiando la. resolución estratégica en los hechos mediante formas de ejecución táctica que nos condujeron a un callejón sin salida.


Estas fallas nos llevaron al fracaso, al punto que en seis meses, mientras nosotros contemplábamos al Gobierno y le hacíamos el clima tranquilo, éste dejaba de cumplir todos sus compromisos y convertimos al Peronismo en un partido oficialista, dejando las banderas de la justicia social, de la independencia económica y de la soberanía nacional, para que fueran enarboladas por nuestros enemigos con evidente perjuicio para nuestro Movimiento. Desde junio de 1958, cuando me di cuenta de la traición de Frondizi, el Comando Superior Peronista despachó cuatro directivas en las que apremiaba a la conducción táctica a tomar una actitud de oposición decidida y tenaz para obligar al Gobierno a cumplir. Ninguna de esas directivas tuvo aplicación y algunas de ellas fueron ocultadas y no llegaron siquiera a conocimiento de los dirigentes del propio organismo de conducción táctica.


La influencia de estas anormalidades tan peligrosas no se detuvieron en la acción política sino que trascendieron también a la acción sindical. La terrible derrota en la huelga de los médicos, la negativa de paro del 17 de octubre de tan triste memoria para los peronistas, el fracaso de las acciones de la huelga del 10 de octubre copada por nuestros enemigos, la falta de organización sindical, prevista en los compromisos de Frondizi para realizar en 120 días y que, después de seis meses nada se ha hecho efectivo, y muchas otras cuestiones subsidiarias, evidencian esa influencia. Yo no hago cargo a nadie, sino al orgánismo, ni se me ha ocurrido juzgar a los hombres porque eso no tiene ninguna importancia ni modifica la consecuencia de los errores cometidos. Sé que se ha sostenido que yo digo que los dirigentes sindicales son unos traidores. Eso lo puede decir sólo quien esté interesado en indisponer a los dirigentes peronistas con el Movimiento o conmigo. Mi obligación, como órgano de la Conducción Estratégica, es decir cuándo una cosa está mal e indicar cómo debe hacérsela bien, como asimismo tomar las medidas que aseguren el cumplimiento de las disposiciones y directivas. No es la de calificar a nadie y menos aún la de acusar de traidores a los compañeros que, como lo demuestro antes, poco han tenido que ver con la conducción táctica confiada a un organismo del que, a pesar de formar parte, no podían tener la responsabilidad de la orientación política ni táctica.


Esa campaña de provocación perfectamente determinada y en coincidencia con la que realiza el Gobierno con el mismo fin es suficientemente sospechosa. Nadie puede querer dentro del Peronismo la lucha entre los dirigentes políticos y los sindicales y menos aún un distanciamiento entre éstos y la conducción estratégica o sea Perón, de modo que los que hacen este juego al Gobierno y a nuestros enemigos, no pueden ser sino agentes de provocación de los mismos, que la realizan consciente o inconscientemente pero, en ambos casos, en forma igualmente perjudicial y peligrosa.


Por eso, la medida que nosotros debemos tomar perentoría y urgentemente, es la de reaccionar contra esta provocación, uniéndonos en forma absoluta, primero para hacer fracasar la provocación y, segundo, para realizar una acción solidaria y eficaz en beneficio de nuestros objetivos de conjunto, sin los cuales todos los objetivos parciales están destinados al fracaso. Hay que inducir a los compañeros dirigentes de las organizaciones sindicales a que se concreten sin pérdida de tiempo a los compañeros dirigentes del Consejo Coordinador, como asimismo he ordenado a éstos que lo hagan con los compañeros de "las 62" y la "C.G.T.A.". Sólo una absoluta solidaridad y unidad de propósitos y de acción de ambas organizaciones pueden asegurarnos la unidad de acción indispensable, sin la cual todas las cartas estarán en manos de nuestros enemigos.


Yo le pido a Usted que se encargue de realizar las gestiones que sean necesarias a este respecto en la seguridad que realizará la acción más importante de los momentos actuales y la "C.G. T. A." puede empeñarse en esta misión, porque no tiene conflicto ni interés alguno que pueda ser considerado como parcial o interesado.Por sus palabras, veo que Prieto no ha referido a "las 62" y a la "C.G.T.A." la realidad de las cosas en su último viaje. Empiezo a decirle que yo no lo llamé sino que él se apareció aquí casi de sorpresa. Su información, dicha en presencia de Américo Barrios y del doctor Cooke, fue de que habían sido maniobrados por el compañero Olmos quien había preparado todo lo ocurrido con referencia al paro del 10 de octubre y el fracaso del 17 de octubre. Manifestó asimismo que ellos habían sido los primeros engañados y que, la maniobra de paro para el 10 y el 17 de octubre, se había consumado deliberadamente y que, como consecuencia de ello nuestros enemigos habían copado el paro del 10 y que, en contra de ló que quería la Delegación, el plenario de "las 62" se negó a ordenar el paro del 17 de octubre. Estas son casi sus palabras y, siguiendo la costumbre que aprendí de los dirigentes obreros, mis conversarciones con Prieto lo fueron siempre con testigos: Barrios y Cooke.


Es natural entonces que el compañero Framini y el compañero Martínez, que me visitaron posteriormente, llevaran allí la realidad tal cual se la manifestamos tanto yo como Américo Barrios. No alcanzo a comprender los móviles que se hayan tenido para cambiar las cosas porque nosotros aquí vivimos una realidad sacada de los hechos subjetivos y no influenciada por las particularidades deformantes de las pequeñas cosas que, a menudo, suelen cambiar la situación real por otra distorsionada por lo anecdótico y circunstancial. Puedo asegurarle que la resolución de entregar la conducción táctica al Consejo Coordinador, no sólo ha sido tomada por los errores cometidos sino porque he tenido la sensación cabal de que "algo estaba podrido en Dinamarca".


Referente a lo que me dice de la organización de las fuerzas políticas en manos del Consejo, no me interesa tanto la carta orgánica, ni el nombre del Partido, como que se proceda con rapidez y honestidad. Hace ya un año que vengo temando con esa organización sin conseguir hasta ahora que se haga nada. Tanto el Comando Táctico como la Delegación perdieron lamentablemente el tiempo sin haber hecho nada por la organización del partido que, como comprenderá, es lo más importante que debemos hacer. La actual situación puede precipitarse en cualquier momento y nada podremos hacer sino tenemos organizadas las fuerzas para aprovechar ese momento, que sin duda será también aprovechado por nuestros enemigos que se encuentran organizados.


No debe preocupar a los dirigentes obreros ni la carta orgánica ni el nombre del Partido. Es suficiente saber que yo estaré al frente de esas organizaciones para tener una absoluta garantía de todo lo referente al sentido sindical de las fuerzas que formen el Peronismo con otro nombre. Yo no he querido que me manden el proyecto de carta orgánica porque estimo que se pierde tiempo en cosas secundarias. He deseado que, con cualquier carta orgánica, se realiza la organización. Es necesario que en cada provincia se organice el peronismo y que lo mismo se haga en la Capital Federal. Luego se hará la correspondiente asamblea y se elegirán las autoridades. Si en realidad lo que hay que hacer es simplemente los registros de afiliados de la antigua organización que es lo único que falta. No se trata de un nuevo partido sino de reconstruir lo que los gorilas destruyeron.


Una vez organizadas las fuerzas políticas y encuadradas las fuerzas gremiales, todo se podrá hacer de la mejor manera ¿Qué podemos empezar a discutir antes de tener la organización? Sería algo así como hacer un guiso de liebre sin liebre. Hay que hacer algo aunque lo que podamos hacer ahora no sea lo mejor porque, a menudo, en la organización lo mejor suele ser enemigo de lo bueno. Cuando se hayan elegido las autoridades y el peronismo esté representado por todo el país en su dirección, y su encuadramiento se haga por los dirigentes elegidos por la masa, recién comenzará a funcionar como institución política. Hasta entonces todo será discutido y discutido con razón. Sólo el estado orgánico dará la estabilidad necesaria.


La organización es a los fines de una conducción una unidad de concepción y de acción. Nada tiene ésto que ver con la línea estratégica que debemos seguir en cuanto a lo específicamente organizativo de las fuerzas destinadas a obrar en lo legal. Si Ustedes han leído las "Directivas Generales para todos los Peronistas" N° 2, habrán comprendido las causas por las cuales es necesario organizar las fuerzas en la legalidad y en la ilegalidad. No hay que confundir el Partido Peronista (o Justicialista) que se organiza en la legalidad para encuadrar a todos los peronistas, con las fuerzas de la que se organizan en la clandestinidad con funciones ilegales en un trabajo insurreccional. Como sería lo mismo en los sindicatos peronistas que contendrían a todos los afiliados y dentro de ellos existirían los grupos de choque organizados para el trabajo ilegal y en la clandestinidad. No proceder de esta manera es quedarse de un momento a otro sin organización y sin medios para luchar, como ocurrió el 16 de septiembre de 1955. Así como la central obrera y los sindicatos deben tener directivas de reemplazo para el caso de que las directivas permanentes sean detenidas y grupos de choque para emprender la lucha ilegal, el partido político, en circunstancias como las que estamos viviendo, debe tener fuerzas legales y fuerzas ilegales. Las primeras funcionan como partido político y las segundas como fuerzas de resistencia, sin perjuicio que las legales se conviertan en casos dados en ilegales.


Yo estoy completamente de acuerdo con Usted al pensar que esta situación no será solucionada mediante los arbitrios legales. Basta advertir para éllo que aún estamos en la ilegalidad a los seis meses del "gobierno de derecho". Cerrados los caminos de la ley y los beneficios de la justicia el Peronismo no tiene más camino que la violencia. Aun los gorilas si quieren llegar al Gobierno cómo anhelan, no tienen más recurso que el golpe de estado. En otras palabras, cualquier variante de la actualidad política sólo puede llegar por la violencia. Frondizi, con sus últimos actos, ha demostrado de manera terminante que su permanencia en el Gobierno no puede asegurarse tampoco de otra manera, desde que tiene a todo el país en su contra. Por eso establece el estado de sitio para parar a los gorilas, decidir a las Fuerzas Armadas y evitar el golpe de estado preparado entre sus propias fuerzas políticas. Sin embargo, encarcela a cientos de peronistas sin ton ni son, porque imagina que conspiramos y porque, con eso quiere dar una satisfacción a los gorilas de las Fuerzas Armadas que esperan el terror con que intimidar a los dirigentes y porque sabe que su incumplimiento lo coloca frente al Peronismo que no ha de perdonarle su traición.


Me agrada oírle decir que desde el día siguiente de la asunción del mando por Frondizi, Usted manifestó a Cooke que era necesario apretar a Frondizi porque no iba a cumplir, porque yo le dije lo mismo y luego envié varias cartas ordenando la agitación y cuatro directivas al Comando Táctico conminando lo mismo sin resultado. En las visitas de Cooke y de Prieto, no dejé nunca de recomendarles la mayor energía desgraciadamente sin resultado, porque éllos creían que Frondizi cumpliría sus compromisos, alegando que si no lo hacía en ese momento era porque los gorilas no lo dejaban. En Frondizi todo ha sido mentira siempre como es ahora mentira cuanto ha argumentado para iniciar la persecución del peronismo y el aplastamiento de la clase trabajadora. Es falso también que las Fuerzas Armadas lo fuercen a perseguir y es mentira que los gorilas puedan voltearlo. El teme más al Peronismo que a los gorilas y por eso se une a éllos contra nosotros, en tanto nos quiere hacer creer que debemos guardar orden y colaborar para destruir al gorilismo. Este no es un Machiavello de Gubbio, es simplemente un vulgar sinvergüenza.


De acuerdo con Usted que debe realizarse una conducción táctica política para la realización de las acciones en el país, dentro de las directivas emanadas del Consejo Superior con carácter estratégico. Para éllo lo mejor es que el Consejo Coordinador se reúna con "las 62" y la "C.G.T.A." y acuerden en cada caso la conducta común, de manera que nuestros enemigos no puedan tratar de batirnos por separado o de maniobrarnos aprovechando nuestra separación. Eso es lo que antes le recomiendo.La Resistencia: es real lo que Usted dice; hoy todos los que anhelan actuar de dirigentes se declaran de la resistencia, y así como antes, cuando había que colocar bombas y realizar actos de sabotaje, no se encontraba con quien hacerlo, hoy no existe un peronista que no haya sido saboteador y tirabombas. Como le digo antes, las fuerzas de la resistencia deben ser organizadas y reorganizadas, porque su empleo debe preverse con seguridad antes de mucho tiempo. Pero esa organización debe ser clandestina y preparada para la acción en el campo ilegal. De modo que nadie que sea conocido puede ser de la resistencia porque, en tal caso, será detenido en los primeros momentos. La resistencia debe estar conducida por personas de extraordinaria prudencia, que no sean sospechados y menos conocidos, de gran seriedad y capacidad de acción, probados en la resistencia anterior si es posible y que deseen actuar sin aparecer para nada. Sólo así tendremos una resistencia efectiva. En cambio nada podemos esperar de los "chantapufis" que andan haciendo alarde de haber actuado en la resistencia sin que nadie los haya conocido como tales, ni menos los haya visto en acción alguna.


Usted en su carta habla de un informe que me remitió con Prieto pero, debo decirle, que Prieto no me ha entregado nada suyo en su último viaje y, anteriormente le contesté con motivo de otro informe que me llegó de parte de Usted.


A los diarios les he hecho llegar la necesidad de dedicarse a combatir a los enemigos y no a los peronistas, cuyos defectos y errores deben ser defendidos y no atacados públicamente por los demás peronistas que, en privado pueden decirles lo que quieran, pero que es una verdadera provocación hacerlo públicamente o, por lo menos una deslealtad gastar espacio para atacar a compañeros, espacio que se resta del necesario para atacar a los enemigos.


Por sus informaciones veo, que las elecciones gremiales, si se realizan, serán ampliamente favorables al Peronismo, circunstancia que me hace pensar que no se realizarán por lo menos por ahora. Sin embargo, hay que luchar todo lo posible para evitar la duplicidad de listas peronistas en los gremios, máxime cuando ello pone en peligro el éxito. Es necesario que los dirigentes se persuadan que todo es secundario ante la imprescindible necesidad de vencer en estas elecciones para posesionarse de los sindicatos y de la central obrera. Con ello la mitad del éxito está asegurada; faltaría la otra mitad que estará representada por la buena conducción que se haga desde esas organizaciones hacia los objetivos perseguidos y la misión que nos hemos impuesto. Y, hay que tener siempre presente, que una buena colaboración y cooperación de las fuerzas gremiales y políticas del Peronismo, asegurará el triunfo final y definitivo, lo que impone perentoriamente que se actúe sin pérdida de tiempo, de consumo y en la mayor comprensión y ayuda mutua.


Le ruego que haga llegar a los compañeros mis más afectuosos saludos, con mis grandes deseos de éxito para sus organizaciones que es parte del éxito de todos los peronistas.


Un gran abrazo.


Firmado: Juan Perón


P.D. Me olvidaba decirle que me parece que las organizaciones sindicales del Interior se encuentran un poco olvidadas por los dirigentes de la Capital. Es necesario movilizar a los compañeros del Interior, para que participen también en la acción que se está desarrollando allí para la organización general de las fuerzas gremiales. Esta misma indicación vale para las fuerzas políticas.


lunes, 25 de febrero de 2019

Se cumplen 52 años de esta carta de Perón a los compañeros Miguel Garófalo y Roberto Gasparini




Carta a los Sres. Miguel Garófalo y Roberto Gasparini 25 de febrero de 1967.

Escrito por Juan Domingo Perón.

Madrid, sábado 25 de febrero de 1967.

A los Señores Miguel Garófalo y Roberto Gasparini

Buenos Aires

Mis queridos amigos:

Acabo de recibir vuestra carta del 19 pasádo y me apresuro a contestarla deseando que no vayan a pensar en una desatención de mi parte. Hace poco, he enviado un prólogo para la publicación del libro "Conducción Política" e imagino que será para la publicación de que Ustedes me hablan. Mi interés es sólo la difusión de mis libros porque interesan al Movimiento Peronista. Su publicación desde ya está autorizada por mí como autor y les agradezco y acepto la Presidencia honoraria de la "Editorial Justicialista" que me ofrecen.

Nuestro Movimiento necesita como elementos básicos de su adoctrinamiento: una ideología, una doctrina y las bases indispensables de los conocimientos de la conducción. La ideología fue fijada en el libro "La Comunidad Organizada" que se ha editado ya por segunda vez; una doctrina que indique la forma de ejecución de esa ideología, que se ha determinado en el libro ''Doctrina Peronista", ya publicada. El libro de "Conducción Política" trata de fijar elementalmente y en forma lo más objetiva posible la "Teoría de la Conducción" como la "Técnica de la Conducción". De allí la importancia de este libro, especialmente para los dirigentes.

Conducir es un arte y, en consecuencia, tiene una teoría y una técnica como todas las demás artes. Así como a nadie se le ocurriría pintar o esculpir sin conocer la teoría y técnica de la pintura o la escultura, a nadie se le debería ocurrir conducir sin conocer también ambas cosas en el arte de la conducción. Es natural que ambas cosas constituyan la parte inerte del arte: la parte vital es el artista. Si bien, conociendo la teoría y la técnica pictórica o escultórica se pueden hacer buenos cuadros y buenas esculturas, resulta natural que para hacer una "Cena" de Leonardo o una "Piedad" de Miguel Angel son ne­cesarios Leonardo y Miguel Angel.

Así como no sólo estos grandes artistas pintan o esculpen sino, que existen buenos pintores cultivados en el quehacer artístico de diferentes disciplinas a base de teoría y de técnica, deben existir buenos dirigentes que por el conocimiento de la teoría y la técnica de la conducción lleguen a conducir bien, sin necesidad a aspirar ser un César, un Napoleón o un Federico. Esa es la finalidad del conocimiento del libro "Conducción Política" que debe llegar a todos los dirigentes peronistas, porque en él he tratado de resumir objetivamente y en for­ma un tanto aplicada, la teoría y la técnica de la conducción en el Movimiento Peronista.

Yo les agradezco el empeño que Ustedes han puesto en la publicación de referencia, como asimismo el favor que con ello hacen Ustedes a la difusión de nuestras cosas porque será muy provechoso para el peronismo y para el país, hasta ahora conducido por "amateurs", el disponer de algo en que apoyarse para una conducción con criterio profesional. Les ruego que saluden a los compañeros.

Un gran abrazo.

Firmado: Juan D. Perón.

martes, 6 de noviembre de 2018

Se cumplen 62 años de esta carta del General Perón al Reverendo Padre Hernán Benítez




Carta a Hernan Benitez 6 de Noviembre de 1956

Escrito por Juan Domingo Perón.

Caracas, 6 de Nov. de 1956


Contesto su agradable carta del 29 de septiembre pasado y tengo el agrado de retribuirle su gentil saludo con uno lleno de todo mi afecto y mi recuerdo.Veo, por su carta, que todo comienza a aclararse, tan pronto han co­menzado a disiparse las lagunas de la calumnia y de la infamia, acumuladas sobre hombres que cumplieron un deber, como lo entendieron, con las fallas consubstanciales a su condición de hombres y también con las pocas virtudes que nos es dado mostrar. Estos, nos están haciendo mejorar, de acuerdo con el viejo aforismo castellano: "atrás mío vendrán, los que bueno me harán". Me agrada saber que la Iglesia comienza a darse cuenta de lo que ha hecho.

Yo estoy conforme con mi conducta. No sé si muchos podrán decir lo mismo. Pero poco me importa eso, desde que ellos responderán de su con­ciencia, como yo respondo de la mía. He aprendido tres cosas en mi vida, que me han servido siempre: a ver las cosas como son, a mirar los peligros de frente y a responder sólo a mi conciencia. Por eso hoy puedo decir la ver­dad de frente y en el futuro la podré decir mejor, porque entonces, ya muchos la habrán comprendido, y, sufrido, que es la mejor manera de comprenderla.

He recorrido casi todo el Continente Latino-americano y he podido apreciar cómo se ha encarnado el Justicialismo aquí. En ese viaje me he convencido de que, luchar por los humildes, si bien tiene sus sinsabores, tie­ne en cambio, extraordinarias satisfacciones. No imaginaba nunca tener tan­tos amigos en todas partes. Los brasileños, los paraguayos, los venezolanos, los colombianos, los chilenos, los bolivianos, los panameños y hasta los ne­gritos jamaicanos y los "chombos" del Canal, han rivalizado para hacerme la vida agradable y placentera donde haya llegado. Uno se concilia así con la vida y con los hombres.

Hoy estoy más convencido que nunca que no equivoqué mi vida, cuan­do la dediqué a servir a los humildes. Creo firmemente que, el tener un ideal y servirlo, es la base de la felicidad, que se encuentra más en el sacrificio y el trabajo Que en ninguna de las otras formas de satisfacción. Las horas, como los cántaros, cuando están vacías, no tienen valor alguno pero, las horas, co­mo los cántaros, cuando se los llena, pueden llegar a tener un valor incalcula­ble. Llenar las horas con un ideal es valorizar las horas. El hombre que no tiene un ideal para servir, no merece la vida, como no nace el hombre que es­capa a su destino. Muchos grandes hombres han pasado desapercibidamente por la vida porque no tuvieron un ideal que servir y muchos pobres hombres fueron grandes porque la dedicaron a ese ideal. Yo pertenezco a los segun­dos: un pobre hombre a quien una causa ha hecho grande, y "no se puede ser grande impunemente". Ahora, es necesario saber soportar virilmente los gol­pes del destino. También gozar de las satisfacciones que el alma proporciona.
En los tiempos y en el mundo en que nos ha tocado vivir, nada hay tan peligroso como decir la verdad y defender la justicia. Sin embargo, nada hay tampoco tan honesto como hacerlo. Los simuladores y los calumniadores que pretenden justificar su conducta en la mala conducta de los demás, pier­den su tiempo, porque la mentira tiene las piernas cortas. Los que pretenden crear una realidad a base de falsedades se equivocan, porque, afortunadamente, la realidad es siempre la verdad. Podemos decir una mentira, pero no podemos hacer una mentira. Toda la infamia que estos falsarios han desparramado sobre nuestros hombres, no justificará jamás las infamias que ellos están cometiendo, desde que el mal de los demás no explica jamás el propio mal. En cambio, cuando se descubra la superchería, ellos habrán agregado una infamia más a todas sus infamias. De cualquier manera, prefiero estar en mi "pellejo" y no en el de ellos.
Sé que estos malvados, como un tropel de bárbaros, están cometiendo toda clase de atrocidades. Ello sólo demuestra la verdad de todo cuanto diji­mos nosotros porque, nadie pretenderá demostrarnos que se han vuelto ca­nallas de repente. El error nuestro estuvo en no haber comprendido la ver­dad a su tiempo y en haber pretendido desconocer las lecciones que la histo­ria contiene a lo largo de todos los tiempos. Pero nada llega demasiado tarde, cuando se saben aprovechar las enseñanzas. Creo que a nuestro Movi­miento, este terrible azote le ha hecho un bien incomparable: le ha demos­trado la realidad que, desgraciadamente no se penetra, profundamente, sino con dolor y sacrificio.
Nuestra doctrina necesitaba la prueba del ácido y creo que la ha resis­tido y ha triunfado. Eso es lo que ahora interesa. Nuestra gente está en la lu­cha, firme y leal, como en sus mejores tiempos. Hay un poco de temor. Los pueblos, decía Eva Perón, no están formados sólo de Santos y de Héroes. Sus debilidades también muestran sus grandezas.
Si algunos dirigentes peronistas defeccionaron en la derrota, en cam­bio muchos millones de peronistas leales permanecieron firmes en la defen­sa de la causa. La Caída ha servido para purificar el Movimiento, intensifi­carlo y extenderlo, los malos y los incapaces se han eliminado, para pasar a "merodear" entre los "gorilas". La realidad es que la masa ha superado a los dirigentes. Este es el hecho más característico del momento actual argentino y quien no lo perciba está condenado irresistiblemente al fracaso. Tiene la fuerza de un oleaje, tal vez lento, pero irresistible. Su fuerza, como una con­moción subterránea, es notada por todos, pero no todos advierten su origen y su trascendencia. Es que, paralelamente a la reacción sangrienta y usurpado­ra de la revolución del 16 de septiembre, luego del primer momento de asom­bro y atonía del pueblo, fue surgiendo "desde abajo" un estado de insurrec­ción popular con características, modos y procedimientos inéditos en la his­toria nativa y cuya comprensión y proyección escapan, desde luego, a las mentes habituadas únicamente a los procesos conocidos, e incapaces, en consecuencia, de captar los hechos nuevos.Este estado inédito de las masas, lógicamente, no podrá ser manejado ni contenido con los métodos clásicos. He aquí la razón porqué los viejos di­rigentes, tanto políticos como gremiales, cualquiera sea el bando en que ac­túen, o son incapaces o han sido desplazados. Así se explica también que la totalidad de los dirigentes que real y efectivamente se encuentran ahora a la cabeza de las nuevas formaciones peronistas y trabajadoras insurreccionales, son casi todas figuras que actuaban en segundo plano. Ellos también han surgido "desde abajo". El origen del estado actual es la obra de "politiza­ción" que la doctrina peronista ha realizado en las masas populares. Nada hay más anacrónico en los planteos y las posiciones de algunos jerarcas y antiguos dirigentes desconectados en absoluto del sentimiento popular y del "hecho nuevo" que no han podido captar, ni ver, ni comprender.

La fuerza del peronismo radica en que, su línea intransigente, frente a unos y a otros, está en la propia naturaleza del desarrollo histórico, en tanto las otras tendencias sólo viven y pueden obrar en el plano estrictamente po­lítico. Sus éxitos sólo pueden ser éxitos políticos, sin la gravitación ni la per­manencia del quehacer histórico. Y, por ser éxitos meramente políticos, su signo en el tiempo y en el espacio, es la fugacidad. El quehacer político sólo puede adquirir vivencia cuando tiene como sustento la línea histórica. En épocas de normalidad, es fácil confundir la importancia del hecho político que adquiere así falsamente categoría permanente, pero existen períodos de la vida nacional en los que está en juego su propio destino, en que el queha­cer histórico es el dominante. Estos períodos están señalados por la presen­cia de los "hechos nuevos".

Por eso, los antiguos dirigentes gremiales, políticos y militares, cual­quiera sea el bando en que actúan, están fuera de la proyección histórica: los del elenco de la tiranía, por la propia naturaleza de su proceso están conde­nados irremisiblemente; el conglomerado político, por su parte, en cuanto a dirigentes, ha sido superado por la dialéctica de los hechos. En definitiva, puede asegurarse, sin dogmatismos ni prejuicios, que unos y otros no han percibido las condiciones en que se está desarrollando este momento de la vida nacional. Tanto es así, que todos ellos, los católicos nacionalistas en sus varios matices, los neoperonistas (de peronismo sin Perón), los bengoístas y los grupos militares detrás del último golpe de estado, constituyen simple­mente la réplica y el reverso, pero con los mismos módulos del elenco de la tiranía. Es natural entonces que, a los medios y procedimientos de la tiranía, opongan el arbitrio simplista del manotazo militar, del golpe de estado. Un recurso que, además de no ser precisamente infalible, tiene el grave incon­veniente cuando fracase, de provocar y explicar las medidas más extremas de la reacción e imponer al pueblo una terrible contribución de sangre. Pese a sus características bélicas, el golpe de estado, sin embargo, no deja de ser un procedimiento político. En esta hora argentina, sólo la insurrección nacional es el hecho histórico.

Esta situación comienza, sin embargo, a ser penetrada por algunos equivocados que se apresuran a "mojarse en aguas del Jordán" y así llegan todos los días noticias de los que quieren tomar contacto con nuestros co­mandos internos y externos a fin de seguir las directivas generales que re­glan la conducta de todos con unidad de acción.

Algunos dirigentes, como la Junta de Emergencia de la C.G.T. que ac­tualmente trabaja en el campo gremial, creen que es posible actuar por su cuenta en la defensa de los intereses profesionales y sindicales. Su situación es en extremo difícil. Es indudable que su posición es aleatoria frente a la tiranía y frente a la masa. A la primera porque estará siempre sindicada como peronista y a la segunda, porque actuando con los enemigos estará siempre sospechada de falsa en su posición con respecto al Movimiento Peronista que actúa en franca rebelión. Yo comprendo la posición de la Junta pero du­do que los demás la comprendan igual. En este momento la masa peronista se encuentra organizándose en la clandestinidad con fines de insurrección en todo el país. Su posición es firme y aun los que no se encuentran ligados a los organismos clandestinos, se sienten inclinados a la resistencia, esperando lo que irremisiblemente ha de ocurrir. Poco a poco se van coordinando las acciones y las nuevas formaciones en todas partes, en las que prima la deci­sión de actuar en el sentido insurreccional.

Algunos "angelitos" piensan en la posibilidad de la "pacificación" na­cional, pero sus móviles no son los que persigue el pueblo que sólo anhela soluciones definitivas y, estas soluciones definitivas, no pueden venir en for­ma alguna cediendo terreno a las imposiciones de los partidos políticos que, en último análisis, fueron los reales culpables de los fusilamientos y las ma­sacres de obreros y ciudadanos. Yo también era pacifista hasta el 9 de junio pero, después de los crímenes cometidos por los tiranos, apoyados por los partidos políticos, ya no tengo una esperanza que esto se pueda solucionar sino en forma cruenta. El odio y el deseo de venganza que estas alimañas han despertado en el pueblo, saldrán algún día a la calle convertidos en fuer­za motriz y sólo después será posible pensar en pacificación y unidad del pueblo argentino. Pensar de otra manera es desconocer la historia y sus va­liosas lecciones. Por eso, estar hoy fuera de la posición insurreccional es es­tar fuera del panorama real que vive el país y de toda proyección histórica. Las consecuencias de esta falsa posición, para un dirigente, no pueden ser otras que el repudio de la masa y la pérdida total de su predicamento.

Yo veo coincidir las necesidades nacionales, los objetivos del pueblo y el estado anímico de las masas y, cuando estas tres circunstancias son coin­cidentes, no hay fuerza capaz de torcer los acontecimientos. Será dura la lu­cha y quizá larga, pero debemos evitar que se "cicatrice en falso", porque las consecuencias finuras serán mucho peores. Hay que hacer el sacrificio a tiempo porque, con el tiempo, los sacrificios se multiplican, desde que la violencia en los acontecimientos está siempre en razón directa de su tiempo de gestación. Por eso, hay que apurar un desenlace violento, aunque ello pa­rezca un poco cruento, porque peor será si se espera. Por eso creo que el pueblo tiene razón.

Les he dado una organización, una doctrina y una mística, durante once años he "politizado" las masas. Los he preparado para la lucha contra la reacción y les he indicado el camino para hacerlo, a través de las grandes re­formas. Ahora le queda al pueblo no equivocarse en las formas de ejecución y tener las decisión necesaria para triunfar. Se enfrentan: la reacción (apoya­da por las fuerzas militares, eternas enemigas del pueblo) con el pueblo mis­mo. Las fuerzas, mediante la represión violenta, impondrán despojos al pue­blo, hasta conseguir los objetivos impuestos por la reacción. Frente a eso el pueblo, debe decidir su actitud, sin olvidar que nuestra revolución es lo per­manente y la reacción sólo lo circunstancial. Si la actitud es contemplativa, lo perderá todo y deberá en el futuro, como antes, trabajar para que gocen los oligarcas y los capitalistas, mientras los trabajadores deberán debatirse en la miseria, en el dolor y en el sacrificio estéril. Si, en cambio, es activa y combativa en extremo, los reaccionarios y las fuerzas que los sirven deberán pensar si no les conviene transar, para evitar que la ruina los arrastre también a ellos, que son los únicos que tienen algo que perder. Una actitud decidida del pueblo es lo único que puede salvar a los trabajadores de una ruina segu­ra, en medio de la abundancia. ¿Si el pueblo hace esto, cómo los trabajado­res podrían tener una actitud contemplativa? Las Directivas e Instrucciones del Comando Superior Peronista, son bien claras. Si se cumplen, se llegará a una solución mucho antes de lo que se piensa. Si no se cumplen, los trabajadores tendrán que lamentarlo toda la vida, pero será demasiado tarde.

La garantía de que nuestras fuerzas se mantengan cohesionadas está precisamente en que se las mantenga en la lucha activa todo el tiempo. No comparto la idea de que para mantener las organizaciones debemos mante­nerlas alejadas de la lucha activa, porque así lo que ganarían en integridad material lo perderían en integridad moral. Es lo que les pasó a los alemanes en la Primera Guerra que, por salvar en Kiel su escuadra, terminaron per­diendo la guerra y los barcos.

No por pasión, sino por reflexión, debemos buscar por todos los me­dios que la solución salga por el lado de la insurrección nacional. Algunos te­men el caos, pero olvidan que las revoluciones como la nuestra, parten siem­pre del caos. Luego tenemos que provocarlo, en vez de temerlo. Esa será la única ocasión en que el pueblo pueda tomar las cosas en sus manos y cobrar la cuenta, sin lo cual habrá anarquía, lucha y sangre para un siglo. Yo cometí el error de no entregar las armas al pueblo cuando debí hacerlo porque, como usted, creí que estos bandidos no lo eran tanto, de lo contrario hubiera evita­do muchas vidas perdidas, muchos sufrimientos y mucho salvajismo.

Total, a éstos o los cuelga el pueblo justicialista y termina el asunto o deberemos esperar un poco para que los cuelguen los comunistas. Ellos pueden elegir, pero su destino está ya marcado. Si no observemos cómo va el mundo. Toda esta inmensa convulsión que presenciamos nos dice algo. Es que se está dilucidando el signo que ha de presidir al Siglo XXI. En la lucha entre las "democracias" imperialistas del Siglo XIX y las "democra­cias populares" del Siglo XXI. Como la historia no marcha para atrás, es fá­cil deducir que a esas "democracias populares" las haremos nosotros o las harán los comunistas. El desarrollo de las acontecimientos parece dar la ra­zón a esta idea. Recuerdo que en la primera mitad del Siglo XX, que he vi­vido en su totalidad, ha sido fructífera en esta clase de enseñanzas. Hace cincuenta años, el comunismo en el mundo, se reducía a un teórico y cuatro o cinco agitadores. Ellos lanzaron al mundo el rebaño de los socialistas para destilar la doctrina marxista. Así lo hicieron pero, como rebaño que eran, se quedaron a comer, donde encontraron buena comida. Esa fue una ventaja pero, los comunistas ni lerdos ni perezosos, en la Tercera Internacional les ajustaron las cuentas y se quedaron sólo con los que no se habían converti­do en amarillos. Ya al terminar la Primera Guerra, esos cuatro o cinco agita­dores, hicieron la Revolución de 1917 y ya el comunismo eran 200 millones de rusos con 28 millones de Km2 de territorio. Durante el interregno entre una y otra guerra el Komitern primero y el Kominform luego, se encargaron de esparcir la semilla comunista activa en todo el mundo. Vino la Segunda Guerra y el resultado ha sido que de los 3.500 millones de habitantes que tiene, aproximadamente, la Tierra, los comunistas dominan o dirigen a unos 2.500. Para verlo, sólo un rápido cálculo: 200 millones de letonios, esto­nios, lituanos, polacos, alemanes, húngaros, austríacos, rumanos, búlgaros, checoeslovacos, yugoeslavos, que les entregaron entre Roosevelt y Churchill que, con los 200 millones de indochinos, polinesios, vietnameses, etc. que con los 800 millones de hindúes hacen otros mil millones y 500 millo­nes entre árabes y nordafricanos, son el total 2.500 millones. Si esto sigue así ( y los acontecimientos de Medio Oriente lo confirman) antes de diez años el mundo será comunista. No creo que los americanos del norte lo pue­dan evitar.

Quien sabe si será del todo malo, ya que peor que los que hemos so­portado durante los últimos siglos, no pueden ser. Nosotros, desgraciada­mente, no estamos en condiciones de decidir, porque aún por muchos siglos el destino del mundo se decidirá en el Volga o en el Rhin y no en el Missisipi, en el Orinoco, en el Amazonas o en el Río de la Plata. De algo valen to­davía los cuatro mil años de cultura de la vieja Europa. Solo nos quedará el recurso de tratar de vivir, como lo hemos hecho hasta ahora. La situación no cambia, sólo cambiará el patrón. Pero, ese patrón será el que deba colgar a nuestros oligarcas, si se escapan ahora del pueblo argentino justamente in­dignado. Yo habría querido salvarles el pescuezo pero han sido tan brutos que no lo merecen. La fortuna les tendió la mano y fueron tan torpes que ni siquiera atinaron a asirse.

En esta evolución, la Iglesia también tiene su parte, que no escapará a la suerte de los oligarcas y capitalistas con quienes prefirieron estar, abando­nando al pueblo que debe ser su preocupación fundamental. No es que el pueblo abandone a la Iglesia, sino que la Iglesia ha abandonado a los pue­blos. Eso es lo trágico. Ninguna amenaza pesaría sobre su destino si se hubiera cumplido la doctrina de Jesús. Por apartarse de ella es que las ace­chanzas nacieron y por disfrutar de la buena vida burguesa es que se desvia­ron de la palabra divina, prefiriendo gozar a cumplir su sagrado sacerdocio, que es lo único que hace invencibles a los hombres, porque los acerca extra­ordinariamente a Dios. En la Argentina y en el mundo, el panorama de la Iglesia ha sido el mismo, el mismo será su destino. Dios quiera que el arre­pentimiento no llegue demasiado tarde, porque todavía se está a tiempo de salvar "la ropa". Veo que Roma modifica sus errores anteriores. Se ha im­partido la orden de no atacarme más. Cuando llegué aquí era inconcebible el ensañamiento de que hicieron gala todos los representantes de la Iglesia. Es­grimieron toda clase de calumnias, infamias y diatribas para perseguirme. Los diarios clericales de todo el mundo fueron implacables en sus insultos y en sus calumnias.

Yo aguanté impasible sus andanadas de diatriba pensando éstas son tributos que se le rinden a un mérito o un valor. Tenía razón, luego no tenía necesidad de insultar a nadie, conocía la verdad y no tenía por qué mentir. Sabía que ellos cumplían órdenes, yo no tenía órdenes que cumplir. En mis reportajes jamás hablé de ellos. Si me preguntaban los eludía. Me in­teresaban los sucesos, los hombres eran meros instrumentos del destino, a mí me interesaba el destino. Así murieron poco a poco y, sin duda, la ver­güenza debió vencerlos. Imagino que hoy les remorderá la conciencia el mal que hicieron y la falta que cometieron al hacerlo. Yo, en cambio, hoy como ayer, en ese sentido, no tengo nada de que arrepentirme y, además, he apren­dido a perdonar.

La canalla dictatorial que azota al pueblo y entrega a la Patria tendrá su merecido. Siempre he sido un convencido que los que proceden mal su­cumben víctimas de su propio mal procedimiento. No los salvarán sus men­tiras, ni sus calumnias, ni sus simulaciones, porque el pueblo argentino ha aprendido a discernir por sí. Tampoco nadie podrá torcer el curso de los acontecimientos.

Hace un año, en el libro de combate que escribí "La Fuerza es el Dere­cho de las Bestias", en una gran síntesis, pude deducir cuanto ha ocurrido, pues conocía los asuntos y los bárbaros que usurparon el poder, luego me era fácil penetrar ya entonces las consecuencias. Todo ha resultado una pre­dicción, hasta ciertos detalles. He predicho también el final que espero no me ha de defraudar. Por eso, para mí, este drama sangriento y apasionado, tiene un epílogo que me es conocido y mi tarea se reduce a ayudar al destino para que todo sea como está dispuesto.

Es así que trabajo todo el día y parte de la noche. Tengo contacto con miles de personas con quienes cambio semanalmente correspondencia direc­ta o indirectamente. Nuestro servicio exterior es colosal, tenemos agentes en todos los países del mundo y organizaciones amplísimas en cada país, que no tienen ni para empezar con los paniaguados de la dictadura que hacen de diplomáticos para ocuparse de contrabandos, negocios y farras. Nuestra gen­te es idealista y exilados en cada país se ocupan de alma de sus funciones, no descansan y los tienen locos a los "gorilas" que hacen de embajadores del crimen, el asalto y el robo que allí se han enseñoreado. Pero todos saben aquí de quiénes se trata y cada día reciben una demostración de desprecio que tanto merecen. A nosotros, en cambio, en todos los países nos ayudan y nos hacen sentir mejor de lo que en realidad estamos.

Yo, con el descanso de este año de trabajo, estoy mejor que cuando es­taba allí, bajo la acción de la intoxicación física y moral que la función de gobernar trae aparejada. Como a Usted han intentado varias veces hacerme atentados pero, como en su caso, Dios ha sido bueno conmigo. En Paraguay les falló porque la Guardia Nacional de ese país los tomó presos a todos los que merodeaban. En Venezuela se está diligenciando ya una intentona que ha caído también en las redes nuestras. No creo que tengan éxito porque, pa­ra matar por dinero, hay un grave inconveniente: que hay que salvar también el pellejo para disfrutarlo. Y éstos no disponen de un fanático que pueda ha­cerlo, que sería la otra forma. Por otra parte, nadie muere el día antes.

Disculpe la extensión de esta carta pero hace tanto tiempo que no charlamos desde los tristes días de la muerte de la pobre Eva, que ni siquiera en su tumba ha podido escapar a la criminalidad de estos vánda­los, que no han querido desperdiciar la ocasión de aparecer también como miserables profanadores.

Le ruego que salude de mi parte a todos los amigos y compañeros que allí luchan por la causa que es de todos y les diga de mi parte que jamás he de volver a pedirles que eviten las violencias como sabía hacerlo desde la Casa Rosada.

Juan Perón

viernes, 23 de marzo de 2018

A 55 años de esta carta de Perón a José María Del Carril




Carta Sr. José María del Carril 23 de marzo de 1963

Escrito por Juan Domingo Perón.

Madrid, 23 de marzo de 1963.

Al Sr. José María del Carril

Buenos Aires

Mi querido amigo:

Contesto su amable carta del 4 de febrero pasado, que recién recibo y le agradezco su recuerdo y su saludo que retribuyo con mi mayor afecto en mi nombre y en el de Isabelita.

No debe Usted preocuparse demasiado por lo que está pasando allí. Los mandos militares están sometidos a dos presiones: la de la llamada "defensa continental" (llámese Pentágono) y la opinión pública interna. La primera hace imposible gobernar a la República y sin la segunda no se la puede gobernar. Así andan de desatino en desatino, pues "el retorno a la democracia por la vía electoral", que les exigen desde el extranjero para darles armas y empréstitos, se traducirá en los hechos, de permitir la libre expresión de la voluntad popular, en un Gobierno peronista.

La dialéctica del proceso histórico los desconcierta, los desespera y los llevaría a una dictadura militar si no estuvieran tan descompuestos y no supieran que, aún en el Gobierno, no tendrían solución.

Debemos reconocer que los asesores internos son tan funestos para los mandos militares como los expertos yanquis. Con cortinas de humo pretenden borrar la realidad. Sus consejeros militares, políticos y económicos norteamericanos les piden algo irrealizable, quieren que conviertan la mayoría en minoría y viceversa; es decir, que inventen una democracia con los escuálidos cuadros gorilas, semigorilas y filogorilas, pero sudadas esas tres categorías sólo podrían sacar un escaño municipal.

Así se explica que hayan fraguado un gigantesco sistema de Vetos y exclusiones con el propósito no de desterrar un partido o un hombre, sino a la opinión pública nacional.

Nada de todo eso les valdrá. Ellos están perdidos y, como dice Fierro "después que uno está perdido, no lo salvan ni los santos". Todo es cuestión de tiempo.

Muchas gracias por todo. Me encarga Isabelita que, con su agradecimiento, le haga llegar su más afectuoso recuerdo.

Si viene a España, lo esperamos en Madrid.

Un gran abrazo.

Firmado: Juan Perón.

P.S. La portadora de la presente: la Señora Esther Méndez es una gran amiga nuestra.

martes, 2 de enero de 2018

Cumplensé 62 años de esta carta del General Perón a su amigo Jorge Antonio



Carta a Jorge Antonio 2 de enero de 1956.

Escrito por Juan Domingo Perón.

Colón, 2 de enero de 1956.

Al Sr. Jorge Antonio Buenos A ires

Mi querido amigo:

Desde que nos separamos en la Residencia el día 19 de septiembre he pensado en el error que cometió al no salir conmigo ese día. He sufrido con Usted los vejámenes de esos miserables que en toda su vida no hicieron por el país lo que Usted hizo en un día.

En cuanto lo pongan en libertad salga de allí. Esa es gente sin conciencia y sin escrúpulos. No se quede, escuche esta vez. Si le es posible véngase por aquí que tenemos mucho que hablar sobre el futuro. Creo que ahora más que nunca es necesario accionar inteligentemente. Los hemos de doblegar y entonces será para siempre. Las empresas se pueden reconstruir, Usted no. Entre Usted y yo podemos levantar el mundo contra esta canalla. Tenga fe en el Pueblo, allí están los valores. Con ellos los aplastaremos. Es cuestión de tiempo; Usted es joven y yo creo que todavía les voy a dar mucho trabajo.

Yo hablé aquí con el Doctor Mayoral. El le hablará a Usted en cuanto llegue a Buenos Aires. Esté seguro que esto no va a durar mucho; se está accionando con energía y espero que dentro de poco se aumente esa decisión y esa energía. Con lo recibido yo duplicaré la acción; era precisamente lo que me faltaba.

Muchas gracias por su recuerdo. Recibí a su amigo de Montevideo que me trajo todo. Espero ahora emplear bien ese todo.

En cuanto salga hable enseguida con el amigo Raúl Lagomarsino (el de los sombreros) que le informará de todo.

Yo estaré en Panamá mientras sea conveniente y cuando convenga acercarme iré a Brasil o a Chile, lo que sea mejor. En caso de cambiar de opinión le haré saber oportunamente.

Mi contacto en Chile: María de la Cruz; en Brasil, el Doctor Gerardo Rocha; en Paraguay, Ricardo Gayol; en los demás países en caso necesario le indicaré. Hay contacto en todos. Cualquiera de ellos se conecta en el día conmigo.

Espero verlo pronto aquí o allí, donde sea posible. Ya llegará la hora. Cometí un gran error: creer que se podía hacer una revolución social incruenta. La próxima dejaré pálidos a los comunistas. La oligarquía debe desaparecer y desaparecerá a corto o a largo plazo. Recién hemos empezado. Después de esta depuración y purificación la cosa irá en serio y, entonces, que se ajusten los pantalones.

Un gran abrazo y que 1956 nos sea más propicio.

Firmado: Juan D. Perón.

miércoles, 20 de diciembre de 2017

Se cumplen 52 años de esta carta de Perón al Doctor Jorge Antún que deja claro los problemas económicos de Perón




Carta Dr. Julio Antún 20 de diciembre de 1965

Escrito por Juan Domingo Perón.

Madrid, 20 de diciembre de 1965.

Al Diputado Nacional Dr. Julio Antún

Buenos Aires

Mi querido compañero:

Se me ha informado que el Doctor Tecera del Franco le habría insinuado a Usted que, con referencia a fondos del Movimiento Peronista, yo habría recibido una cantidad de dinero proveniente de dichos fondos. Como ello es absolutamente falso, presupongo que implica en ese compañero o una mala información o una insidiosa y aviesa intención que deseo desvirtuar en defensa de mi propia delicadeza personal que deseo dejar a salvo de toda malidicencia desaprensiva.

Jamás he recibido un solo centavo proveniente del Movimiento Peronista y ni de ninguno de sus hombres como tampoco de los partidos o agrupaciones que lo forman. Hace un tiempo el compañero Bramuglia me informó personalmente que la Unión Popular había cobrado los aportes que le correspondían en las últimas elecciones y que de ello se había pagado los gastos y que se tenían algunos millones de sobrante. Le dije de inmediato que debían guardar ese dinero para necesidades futuras y no hacer uso de él sino en lo imprescindible, porque nuestro Movimiento era pobre y no podíamos derrochar el dinero.Ha llegado a mi conocimiento también que se han hecho suscripciones y que se han pedido aportes a diversas personas y deseo dejar constancia que en ningún caso se lo ha hecho con conocimiento mío y, menos, aún, con autorización de mi parte. Cuando yo he necesitado dinero'para mis necesidades personales lo he recibido de mis amigos y en forma absolutamente privada y personal.

Tengo una preocupación constante por los procedimientos que, con referencia a los fondos del Movimiento, se están siguiendo. Los fondos que perciben tanto la Unión Popular como las demás Agrupaciones corresponden a todo el Movimiento Peronista, por lo que se paga son los votos y los votos son peronistas. Me llegan todos los días informacipnes poco edificantes para la conducta de los dirigentes que no compren­den que "la mujer del César no sólo debe ser virtuosa, sino que es menester que lo parezca".

Le ruego que salude a los compañeros. Un gran abrazo.

Firmado: Juan Perón.