Movimiento 4 de junio

El movimiento 4 de junio fue creado para mantener viva la memoria y vigentes los ideales de aquellos revolucionarios que en 1943 empezaron a escribir la historia mas fecunda de la República Argentina, desalojando del poder a quienes llevaron a la Nación a la pobreza y a la entrega.
¡QUE VIVA POR SIEMPRE LA REVOLUCIÓN DEL 4 DE JUNIO DE 1943!

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miércoles, 1 de mayo de 2019

Se cumplen 68 años de este discurso de Evita en el día del Trabajador





Día del Trabajador - Plaza de Mayo
1º de Mayo de 1951
Mis queridos descamisados:
En este día tradicional para los trabajadores argentinos, en este 1º de mayo maravilloso, en que los trabajadores festejan el triunfo del pueblo y de Perón sobre los eternos enemigos y traidores de la Patria, yo quiero hablar con la sola, con la absoluta, con la exclusiva representación de los descamisados.
Yo quiero hablar para Perón, para los trabajadores, para los hombres y mujeres del mundo que quieran compartir con nosotros la gloria de un pueblo que levanta su bandera justa, libre y soberana al tope de todos los mástiles de la patria.
Yo quiero que ustedes me autoricen, que me den la plenipotencia maravillosa y eterna de todos los trabajadores, de todas las mujeres, de todos los humildes, en una palabra, la de todos los descamisados.
Yo quiero que ustedes me autoricen; ustedes que aquí, en esta vieja plaza de nuestras glorias, representan al auténtico pueblo que en 1810, empujando las puertas del Cabildo y gritando "queremos saber de qué se trata", conquistaron su derecho de libertad y de soberanía. Yo quiero que ustedes me autoricen para que diga lo que ustedes sienten; ustedes que, a través de un siglo de oligarquía, de entrega, de explotación, sufrieron la amargura infinita de ver a la patria humillada y sometida por sus propios hijos. No, no eran sus hijos. No, por sus venas no corría sangre de argentinos; por sus venas corría sangre de traidores. Yo quiero que ustedes me autoricen para que diga con pocas palabras, con mi escasa elocuencia, lo que ustedes sienten, lo que ustedes quieren que le diga en este día maravilloso de los trabajadores, al general Perón y al pueblo.
Ustedes, que pueden hablar de frente, con la frente bien alta, a la Patria y a Perón, porque ustedes vieron en Perón la última esperanza de la patria y lo siguieron, como se sigue solamente a una bandera, dispuestos a morir por ella o a triunfar con su victoria; ustedes, que tienen derecho a hablar de frente con la Patria y con Perón, porque ustedes, igual que yo, lo siguieron apretando los dientes de rabia y de coraje cuando la oligarquía sin patria ni bandera quiso dejarnos a nosotros también sin patria ni bandera, robándonos el derecho de seguirlo a Perón hasta la muerte; ustedes que pueden hablar de frente con Perón, porque siempre llevarán en el corazón encendido, el fuego de las antorchas que prendimos con los diarios y las revistas para festejar la victoria del 17 de octubre de 1945; ustedes, solamente ustedes, pueden dar a mis palabras el fuego, la fuerza infinita que yo quiero tener, que yo desearía tener para decirle al líder, para decirle al mundo, para decirle a la patria, cómo lo siguen, cómo lo quieren los trabajadores a Perón.
Yo no tengo elocuencia, pero tengo corazón; un corazón peronista y descamisado, que sufrió desde abajo con el pueblo y que no lo olvidará jamás, por más arriba que suba. Yo no tengo elocuencia, pero no se necesita elocuencia para decirle al general Perón que los Trabajadores, la Confederación General del Trabajo, las mujeres, los ancianos, los humildes y los niños de la patria no lo olvidarán jamás, porque nos hizo felices, porque nos hizo dignos, porque nos hizo buenos, porque nos hizo querernos los unos a los otros, porque nos hizo levantar la cabeza para mirar al cielo, porque nos quitó de la sangre el odio, la amargura y nos infundió el ardor de la esperanza, del amor y de la vida.
La Confederación General del Trabajo y los trabajadores por mi intermedio, no necesitamos elocuencia para decirle a Perón que no lo olvidaremos jamás, porque nos hizo dignos y justos, porque nos hizo libres y soberanos y porque cuando nuestra bandera se pasea por los caminos de la humanidad, los hombres del mundo se acuerdan de la patria como de una novia perdida que se ha vestido de blanco y celeste para enseñarle el camino de la felicidad.
Compañeras y compañeros: esta mañana, cuando el general Perón terminó su mensaje de la victoria, dijo que ese triunfo era de la Patria y del pueblo; que era nuestro, solamente nuestro. Y pensé lo que habrán pensado ustedes; que si no fuera por Perón, estaríamos como en los viejos primeros de mayo de la oligarquía, llorando a nuestros muertos en lugar de festejar la victoria.
Estamos de acuerdo, mi general, en que el triunfo es de la Patria y de los trabajadores; estamos de acuerdo en que los trabajadores, los humildes, siempre estuvimos de pie y abrazamos las causas justas, y por eso abrazamos la causa de Perón. Pero, ¿qué hubiera sido de la Patria y de los trabajadores sin Perón? Por eso damos gracias a Dios de que nos haya otorgado el privilegio de tenerlo a Perón, de conocerlo a Perón, de comprenderlo, de quererlo y seguirlo a Perón.
Yo, la más humilde colaboradora del general Perón, pero también como una de las más fervorosas amigas de los humildes y de los trabajadores, felicito a los humildes, a los descamisados, a los trabajadores, y por ello, muy fervorosamente a la Confederación General del Trabajo, por esta fe, por esta lealtad inquebrantable a Perón. Y si a mí me dieran a elegir entre todas las cosas de la tierra, yo elegiría entre todas ellas la gracia infinita de morir por la causa de Perón, que es morir por ustedes. Porque yo también como los compañeros trabajadores, soy capaz de morir y terminar mi existencia en el último momento de mi vida con nuestro grito de guerra, con nuestro grito de salvación: ¡la vida por Perón!


domingo, 7 de mayo de 2017

La compañera Evita llegaba, a esta tierra, hace 98 años




LA HORA DE MI SOLEDAD

El incendio seguía avanzando con nosotros. Los “hombres comunes” de la oligarquía cómoda y tranquila empezaron a pensar que era necesario acabar con el incendiario. Creían que con eso acabaría el incendio.
Por fin se decidieron a realizar sus planes.
Esto sucedió en la última hora de la Argentina oligárquica. ¡Después, amaneció...!
Durante casi ocho días lo tuvieron a Perón entre sus manos.
Yo no estuve en la cárcel con él; pero aquellos ocho días me duelen todavía; y más, mucho más, que si los hubiese podido pasar en su compañía, compartiendo su angustia.
Al partir me recomendó que estuviese tranquila. Confieso que nunca lo vi tan magnífico en su serenidad. Recuerdo que un Embajador amigo vino a ofrecerle el amparo de una nación extranjera. En pocas palabras y con un gesto simple decidió quedarse en su Patria, para afrontarlo todo entre los suyos.
Desde que Perón se fué hasta que el pueblo lo reconquistó para él — ¡y para mí! — mis días fueron jornadas de dolor y de fiebre.
Me largué a la calle buscando a los amigos que podían hacer todavía alguna cosa por él.
Fuí así, de puerta en puerta. En ese penoso e incesante caminar sentía arder en mi corazón la llama de su incendio, que quemaba mi absoluta pequeñez.
Nunca me sentí — lo digo de verdad — tan pequeña, tan poca cosa como en aquellos ocho días memorables.
Anduve por todos los barrios de la gran ciudad. Desde entonces conozco todo el muestrario de corazones que laten bajo el cielo de mi Patria.
A medida que iba descendiendo desde los barrios orgullosos y ricos a los pobres y humildes las puertas se iban abriendo generosamente, con más cordialidad.
Arriba conocí únicamente corazones fríos, calculadores, “prudentes” corazones de “hombres comunes” incapaces de pensar o de hacer nada extraordinario, corazones cuyo contacto me dió náuseas, asco y vergüenza.
¡Esto fué lo peor de mi calvario por la gran ciudad. La cobardía de los hombres que pudieron hacer algo y no lo hicieron, lavándose las manos como Pilatos, me dolió mas que los bárbaros puñetazos que me dieron cuando un grupo de cobardes me denunció gritando: — ¡Esa es Evita!
Estos golpes, en cambio, me hicieron bien.
Por cada golpe me parecía morir y sin embargo a cada golpe e sentía nacer. Algo rudo pero al mismo tiempo inefable fué aquel bautismo de dolor que me purificó de toda duda y de toda cobardía.
¿Acaso no le había dicho yo a él: — “...por muy lejos que haya que ir en el sacrificio no dejaré de estar a su lado, hasta desfallecer”?
Desde aquel día pienso que no debe ser muy difícil morir por una causa que se ama. O simplemente: morir por amor.

sábado, 7 de mayo de 2016

Evita nacía hace 97 años.

Evita en pleno discurso. Apasionada como siempre

La Dama de la esperanza, la compañera, la santa del pueblo, la abanderada de los humildes o simplemente Evita, como la bautizó su pueblo descamisado, nacía en Los Toldos el 7 de mayo de 1919. Su figura y su obra de ayuda social, aún hoy, siguen siendo recordadas en el mundo.


Pocas personalidades han logrado captar tanto amor y tanto respeto como la de María Eva Duarte. Su obra, sus acciones y su fervor patriótico y justicialista la han convertido no solamente en una personalidad ilustre, de la historia argentina, sino también a despertar la devoción popular tanto del lado político como hasta de lo religioso.
Como dijo el General Juan Domingo Perón: "Ella fue candidato a todo y nunca quiso ser nada. Era una mujer tan extraordinaria que dejó una obra que creo que no se olvidará, en la historia argentina, aunque pasen muchos años." y asi, de esa misma manera, lo interpretaron tantos sus seguidores, admiradores y hasta devotos como también mucho de sus adversarios.
No ha sido tan destacable la obra de ayuda social que emprendió  desde la Fundación que llevaba su nombre como hecho de la asistencia en sí, porque convengamos que cuando el pueblo elije a sus representantes estos deben hacer las gestiones necesarias que demanden las necesidades de sus votantes y hasta de los que no lo hicieron, sino porque además lo ha hecho como nunca antes ni después fue realizado por gobierno alguno, en la Argentina, ni siquiera por la propia Iglesia Católica en el mundo dado que los gobiernos solo sirvieron a intereses económicos, a espaldas de los pueblos y la Iglesia Católica, desbordante de riquezas, jamás pudo ni gestionar ni persuadir la concreción de ayuda social que requieren países ricos en recursos con habitantes famélicos de hambre y abatidos por enfermedades de la miseria.
Evita fue una bandera de rebeldía y de revolución. Pero de esa rebeldía y revolución bien entendida. Desde el fanatismo frontal y hasta a veces desmedido, si se quiere, pero jamás desde el buscar la venganza o el rencor. Nunca con el odio como punta de lanza y por ende sin la necesidad de portar un fusil para hacer valer una idea. Jamás invocando el salir a matarse entre hermanos, por mas que piensen distinto, como tampoco el excluir o caer en el sectarismo estúpido que lleva a divisiones estériles que generalmente desembocan en luchas fraticidas.
Entregó su salud y su vida por una causa y por sus dos amores: El Pueblo y Perón.
Lucho por derechos y también por deberes de los ciudadanos. Fue la fiel compañera de un General que forjaba una patria justa, libre y soberana y que, pese a la presión internacional con sus agentes foráneos y vernáculos, rompía con mas de cien años de dependencia y sometimiento.
Ayudo a cobijar a los que aún quedaban fuera de la gran Argentina que ideaba Perón, mientras este los iba incluyendo, sin planes ni demagogias, con trabajo y dándoles la dignidad que siempre les fue cercenada.
Su vida se apagó a la misma edad que la de cristo. Sus apenas 33 años fueron suficientes para quedar en la historia de la humanidad como esa mujer que sin rangos, ni ministerios, entrego hasta el último jirón de su vida en pos de los mas necesitados.
Al momento de su muerte las únicas "propiedades" que se le encontraron, en su patrimonio, fue el amor de su pueblo y las obras de asistencia que dieron cobijo a miles de necesitados
Hoy, a 97 años de su natalicio, su pueblo descamisado sigue llevando su nombre como bandera a la victoria.

miércoles, 7 de mayo de 2014

A 95 años del nacimiento de Eva Perón

Ha llegado la hora de la mujer que comparte una causa pública y ha muerto la hora de la mujer como valor inerte y numérico dentro de la sociedad