El 17 de octubre de 1953, en los festejos del octavo aniversario de la gesta popular de 1945, El General Juan Domingo Perón, haciendo uso de la palabra desde los balcones de la Casa Rosada, anunció los postulados de la Tercera Posición ideológica.
La misma se alejaba del liberalismo y el comunismo, de izquierdas y derechas y se ubicaba, claramente, en contraposición a estas vertientes internacionalistas.
Aquella posición comprendía del siguiente contenido:
Tercera Posición es el nombre que se aplica a la corrientes
políticas que buscan enfatizar su posición contraria tanto al comunismo como al
capitalismo, siendo antimarxistas y antiliberales, así como presentarse a sí
mismos como más allá del espectro político que ubica a los partidos políticos
en izquierda y la derecha. No confundir con fascismo. Uno de sus objetivo de
favorecer la cooperación económica y cultural entre los pueblos, en oposición
al colonialismo y el neocolonialismo de las antiguas metrópolis y los Estados
Unidos, así como a su inclusión dentro del área de influencia exclusiva de la
Unión Soviética.
En materia de política internacional, la Doctrina
Justicialista ha proclamado la Tercera Posición; es decir, una posición
independiente de los dictados de las dos grandes potencias, que se han
repartido según sus conveniencias estratégicas el mundo de posguerra.
La Tercera Posición es una concepción filosófica y política.
El General Perón percibió claramente la falacia ideológica de presentar la
opción entre capitalismo y comunismo como ineludibles. Los dos grandes sistemas
de pensamiento anteriores al justicialismo, el Individualismo Liberal
Capitalista y el Socialismo "científico" clasista y estatista,
estaban encarnados en el mundo de la posguerra (a partir de 1945), en dos
grandes bloques geopolíticos e ideológicos antagónicos, que se mantuvieron
Aliados durante la Segunda Guerra Mundial, frente a las potencias del Eje (la
Alemania del Tercer Reich, la Italia Fascista y el Imperio del Japón).
La conclusión de la guerra con la derrota del Eje, en Europa
con la ocupación de Alemania por las tropas aliadas, y luego en el Pacífico,
con la utilización de la bomba atómica contra las poblaciones civiles de
Hiroshima y Nagasaki en Japón, abrirán una etapa de reacomodamiento geopolítico
mundial que tendrá su formalización en las conferencias de Yalta y Postdam. En
ellas, los Aliados dividirán el mundo en dos grandes esferas de influencia: una
bajo la hegemonía americana y otra bajo la soviética. También partirían
Alemania en dos: Alemania Democrática al este y Alemania Federal al oeste.
Berlín, la antigua capital del Reich, sería dividida y administrada por las
fuerzas militares aliadas (norteamericanos, ingleses, soviéticos y franceses).
Se levantaría el Muro de Berlín, símbolo de la división del mundo en dos
grandes sistemas.
Por primera vez en la historia de las civilizaciones, dos
grandes "imperios" surgirán como aliados de la guerra y
"enemigos" de la posguerra, pero además por primera vez también,
ambos bandos sostenían y defendían convicciones ideológicas antagónicas e
incompatibles: las democracias liberales de desarrollo capitalista, por una
parte, y los socialismos de economías centralmente planificadas, por otra.
El mundo parecía dogmáticamente alineado en uno u otro bando
y practicaba uno u otro sistema ideológico, cuando en la Argentina nacía una
nueva concepción filosófica y doctrinal, que proponía, a su vez, una visión
geopolítica diferenciada, a partir de la revalorización del protagonismo
histórico de los pueblos en sus luchas por la liberación nacional, de toda
forma de imperialismo, y de viejas o nuevas formas del colonialismo.
En ese mundo dividido y alineado militar y estratégicamente,
Perón levantaría el justicialismo como la Tercera Posición internacional, no
como una posición a mitad de camino de ambos sino, por el contrario, como una
propuesta superadora de los antagonismos ideológicos, a partir de una nueva
concepción que realizaba en la práctica, con la legitimidad del apoyo
mayoritario del pueblo argentino, los sueños de Justicia, Libertad y Dignidad
de todos los pueblos del mundo.
Las dos guerras mundiales y la gran crisis de 1929 revelaron
en toda su magnitud la dependencia de las economías latinoamericanas, muchas de
las cuales, como la chilena, se derrumbaron estrepitosamente a raíz de esas
coyunturas. Las inversiones extranjeras se redujeron, se cerraron las puertas
para obtener préstamos y el comercio exterior disminuyó notoriamente. Asimismo,
hubo masivas movilizaciones por parte de los sectores que debían cargar sobre
sus hombros los efectos de la crisis, lo cual puso en riesgo la estabilidad
política. Tal desastre económico y social alertó, incluso a sus más fervientes
defensores, sobre el riesgo que implicaba la mantención del modelo
primario-exportador.
La primera posición era el individualismo liberal,
triunfante a partir de la Revolución Francesa, sobre el que se apoyó el
desarrollo del capitalismo industrial. Su consecuencia inmediata fue la
"proletarización" de los trabajadores y la generación de una natural
reacción contra las formas de explotación inhumana que había implantado en las
relaciones laborales.
La segunda posición sería la que representó a esa reacción
contra la explotación: el llamado socialismo "científico", originado
en los estudios y propuestas de Marx y Engels, que convocaban a la lucha de
clases y a la solidaridad internacional de los "proletarios" del
mundo, sin barreras nacionales, para implantar la "dictadura del
proletariado" y comenzar la construcción del socialismo hasta llegar al
paraíso comunista, donde no habría más clases ni explotación del hombre por el
hombre, y ni siquiera Estado, pues desaparecería por innecesario, al ser
concebido como simple instrumento de explotación, al servicio de la clase
dominante: la burguesía capitalista.
Al margen de los erróneos presupuestos sobre los que se
desarrollaron ambas posiciones, y de lo indemostrable de sus propuestas en al
marco del devenir histórico, la realidad que generaron fue la de la explotación
del hombre por el hombre, en la primera, y el de la explotación del hombre por
el Estado, con la consecuente pérdida total de la libertad individual, en la
segunda.
La Tercera Posición o justicialismo, pretende la
armonización de los derechos del individuo con los de la comunidad, con la
intencionalidad de obtener la realización del hombre a partir de posibilitarle
la efectiva práctica de las virtudes y no, simplemente, dándole más bienes
materiales. El justicialismo implica una preocupación ética y moral.
Decía el General Perón, “es evidente que ninguna de estas
dos soluciones nos llevaría a los argentinos a la conquista de la felicidad que
anhelábamos para nuestro pueblo. Así fue que nos decidimos a crear las nuevas
bases de una Tercera Posición que nos permitió ofrecer a nuestro pueblo otro
camino que no lo condujese a la explotación y a la miseria. En una palabra, una
posición netamente argentina, para los argentinos, la cual nos permitió seguir
en cuerpo y alma la ruta de la libertad y de la justicia que siempre nos señaló
la bandera de nuestras glorias tradicionales…por ello, libre de toda atadura
ideológica extraña a nuestra nacionalidad, la República Argentina puede hablar
con altura moral a todos los países del mundo, tendiendo su mano generosa,
abierta y franca, sin reservas de ninguna especie, porque nuestro Justicialismo
nos permite buscar y hallar siempre las coincidencias necesarias como para que
todos los pueblos puedan hallar en dicha filosofía el camino tan anhelado de la
libertad“ (Mensaje a la I Conferencia de Países No Alineados, septiembre de
1953).
La Tercera Posición planteó el derecho de todos los pueblos
a escribir su propio destino, de acuerdo con sus propias idiosincrasias, en
plena libertad e independencia. Esta concepción peronista es la refundación de
un orden internacional más justo, basado en el respeto absoluto de la soberanía
política de todas las naciones.
Frente al capitalismo y al comunismo, para la Tercera
Posición el hombre no es un individuo aislado y manipulable, ni un instrumento
dentro de un gran y perverso engranaje colectivo, sino que es un ser que vive
en sociedad, que libremente se desarrolla, constituye su familia, las
sociedades intermedias, el Estado y sus asociaciones internacionales.
Así la resume Perón: …“nuestra Tercera Posición
Justicialista diremos que, en el orden político, implica poner la soberanía de
las naciones al servicio de la humanidad, en un sistema cooperativo de gobierno
mundial, donde nadie es más que nadie, pero tampoco menos que nadie. En el
orden económico, la Tercera Posición es la liberación de los extremos
perniciosos, como lo son una economía excesivamente libre y otra excesivamente
dirigida, para adoptar un sistema de economía social al que se llega colocando
al capital al servicio de la economía. En el orden social, en medio del caos
que opera en el mundo fluctuante entre el individualismo y el colectivismo,
nosotros adoptamos un sistema intermedio cuyo instrumento básico es la justicia
social“ (Mensaje a la I Conferencia de Países No Alineados, septiembre de 1953)
Por lo expuesto anteriormente, y entendiendo la posición
humanista y cristiana que proclamó Perón en la Doctrina Justicialista, se puede
afirmar que la Tercera Posición es una solución, humanista y cristiana a los
problemas mundiales. Esta posición comenzó a trascender entre aquellas naciones
sojuzgadas por uno u otro imperialismo. Cansados de falacias ideológicas, el
claro llamado al realismo político de la comunidad internacional formulado por
Perón atrajo la atención de muchos pueblos del mundo; pueblos a los cuales,
frente a la explotación, la dependencia y el vasallaje, sólo se les brindaba la
salida del ideologismo o la violencia.
La concepción política de la Tercera Posición entiende la
igualdad entre naciones, éstas deben ser socialmente justas, económicamente
libres y políticamente soberanas. Todas ellas en igualdad de derechos y deberes
tienen una función internacional que cumplir. Por esto en la comunidad
internacional no deben existir naciones y pueblos dirigentes, ni naciones y
pueblos dirigidos, ni naciones y pueblos explotadores o explotados.
El primer fruto de la política de la Tercera Posición fue la
firma del Pacto ABC, entre Argentina, Brasil y Chile, que se transformaría más
tarde en la Unión de Naciones Suramericanas.

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